Izquierda Socialista

Agosto 6, 2006

DESTRUIR EL CAPITALISMO, CONSTRUIR EL SOCIALISMO.

Archivado en: General — @ 9:34 am

El imperialismo, por definición nunca ha dejado ni dejará de dominar, reprimir, atemorizar, matar, vejar, torturar pueblos inocentes, y utilizar a gobiernos satélites y apátridas para alcanzar sus oprobiosos fines: apoderarse de todas las riquezas del planeta convertirlas en mercancías para generar más y más capital, del cual se apropian las clases sociales dominantes del sistema. Ya hemos afirmado que el capitalismo se fundamenta en la guerra y no en la paz. 

 

A partir del 11 de septiembre de 2001, el gobierno de Estados Unidos utilizando como pretexto la lucha contra el “terrorismo” aumentó el despliegue de sus fuerzas bélicas para invadir territorios, colocar más bases militares en distintos lugares del mundo y amedrentar sicológicamente a los pueblos; para esto último, los medios de comunicación al servicio del imperio, cumplen un papel fundamental. Afganistán e Irak han sido invadidas, ocupadas, vejadas sus poblaciones, destruidos sus patrimonios culturales, asesinados y/o encarcelados sus líderes. Las excusas, la captura de Bin Laden y la búsqueda de armas de destrucción masiva, las que nunca fueron encontradas, pero sí utilizadas por el invasor angloamericano, que las posee y fabrica tanto en sus territorios como en los feudos del imperio, situados tanto en el Medio Oriente como en Europa. Tampoco Bin Laden -antiguo protegido de Estados Unidos quien lo entrenó y armó para actuar en Afganistán como comando terrorista contra la URSS- fue hallado, y el soberano pueblo irakí, heroico e indómito, continúa resistiendo para defender su petróleo, cuya confiscación es la verdadera causa de la infame agresión, con la cual, de paso, el imperio se burló de la Organización de Naciones Unidas. 

Luego, el gobierno de Israel con el argumento del secuestro de un soldado isralí por el grupo Hizbulá atacó la Franja de Gaza y el Líbano, con acciones tan despiadadas que los analistas políticos no han dudado en catalogarlas similares a las sufridas años atrás por el pueblo judío, de manos de los nazi. Los diarios informaron acerca del bombardeo por parte de aviones israelíes de un edificio en la localidad de Cana, al sur del Líbano, donde se alojaban refugiados, con un saldo de al menos sesenta muertos, entre ellos treinta y siete niños; a través de Internet nos llegan las imágenes de niños y niñas mutilados, quemados, destrozados, cegadas sus vidas por una causa netamente capitalista. 

La Secretaria de Estado del gobierno estadounidense, que no pudo entrar al Líbano porque su digno y valiente gobierno lo impidió, ha tenido la osadía de declarar que se “debe construir un nuevo orden en el Medio Oriente”. ¿A cuenta de qué? ¿con qué moral? ¿cuál es el fin? Sabemos que no es otro que el de apoderarse de territorios y recursos, sobre todo petróleo, gas, agua, secuestrar conocimientos y saberes ancestrales para convertirlos en mercancías, comprar conciencias, subyugar pueblos. No les importa si en el camino se acaba con poblaciones enteras, se mutilan niños, se causan daños irreparables en la biodiversidad. Mientras, el Consejo de Seguridad de la ONU, a pesar de las numerosas manifestaciones ante su sede y de las opiniones de algunos de sus miembros, ha sido impedido de emitir condena a Israel porque el Presidente de Estados Unidos se ha opuesto (Diario VEA 1-8-06.p.1) 

Los pueblos del mundo, y en especial los del Sur, si queremos y estamos seguros de la necesidad de construir un nuevo orden mundial, pero no bajo el dominio ni la directriz de algún imperio, sea estadounidense, europeo, asiático, latino o caribeño. Creemos en un orden mundial multipolar, multiétnico, pluricultural; un mundo sin opresores y sin oprimidos; sin reyes ni vasallos; sin señores ni esclavos. Los pueblos han venido tomando conciencia de la verdadera causa de su situación económica y social. Múltiples movimientos que resisten, luchan, denuncian, bloquean y en ese proceso fortalecen sus conciencias, están surgiendo en todo el mundo, dando respuesta a las agresiones cada vez más cruentas del imperialismo, que si bien está herido, no ha muerto y posee un incalculable poder militar y tecnológico. Las armas de destrucción masiva le pertenecen, aunadas a una gran capacidad para comprar conciencias. Lo único que puede destruirlo es el Socialismo. ¡Construyámoslo aceleradamente! 

 

 

María E. Castellano.

 

 

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