DIA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO.
Hoy día 25 de Noviembre es un día de lucha, es el DIA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO, y las estadísticas continúas dibujando un panorama desolador; Más de 60 mujeres han sido asesinadas por su pareja en nuestro país y cada 18 segundos una mujer es maltratada en algún lugar del mundo, según datos de Naciones Unidas. Diariamente las noticias saltan a los medios, y “mujer muerta a causa de la violencia doméstica” es un caso demasiado frecuente. No sólo aumenta de forma imparable cada año, no sólo es nombre contra mujer, no solo es alumnos contra maestros, no solo es las más de 25 guerras que existen en estos momentos en el mundo, es que esta podrida sociedad capitalista contribuye muy activamente en los asesinatos de estos seres humanos, pues en sí mismo, es una sociedad violenta.
En el trabajo, la explotación, con jornadas de diez o doce horas nunca bien remuneradas se ceba especialmente en la mujer que ante los mismos trabajos recibe un menor salario que el hombre. El sistema carece, porque para al capitalismo no le es rentable, de un modelo de guarderías y colegios públicos adaptados a los horarios laborales y donde los niños no sólo se desarrollen académicamente sino que dispongan de otras actividades como deportes, ajedrez, bailes, teatro…, para que su desarrollo sea integral, porque eso, bajo el sistema del lucro privado capitalista es imposible generalizarlo. Y sobre todo, la educación impartida es clasista pero, como corresponde a la cultura dominante, que es la que se reproduce en las escuelas, corresponde al pensamiento liberal-capitalista, con sus contradicciones en cuanto a los individualismos, la competitividad, la falta de solidaridad, etc.
La teoría socialista explica que la lucha contra la opresión de la mujer, desde el punto de vista burgués, es completamente opuesta al punto de vista de la clase trabajadora. Existe el feminismo burgués y pequeño-burgués, que observa y analiza la opresión de la que las mujeres son víctimas y ofrecen teóricas soluciones desde el punto de vista estrechamente sexista, planteado solamente como una cuestión de mujeres contra hombres, donde se ignora de forma permanente el carácter clasista de la sociedad, ese carácter en el que la impronta de la cultura de la clase dominante, del “derecho sagrado a la propiedad privada”, es el sello que ha taladrado nuestros cerebros desde la más tierna infancia desencadenando con violencia ese horroroso acto de “la maté porque era MIA”.
El análisis liberal-burgués reivindica de una manera abstracta el derecho de la mujer a ser igual que los hombres e intentan solucionar el problema, luchando por conquistar los puestos de alto escalafón en la pirámide social, pero una vez alcanzados, el comportamiento de una mujer empresaria, o ministra, o propietaria de un banco, bajo el prisma de la sociedad capitalista, les obliga a comportarse exactamente igual que lo hace el varón, es decir, que juegan el mismo papel de clase explotadora.
Algunos estudios revelan que muchas mujeres que son sometidas a malos tratos físicos y psicológicos por sus parejas no se atreven a denunciarles, con el riesgo de volver a sus casas para seguir “sirviendo” (cocinándole y lavándole las camisas) a su agresor y en muchos casos incluso compartiendo el lecho sin que judicialmente se tome medida alguna, porque en el fondo carecen de una independencia económica que les permita llevar una vida digna, lo que demuestra que es la desigual sociedad capitalista la verdaderamente responsable de esta situación de sometimiento y esclavización de la mujer, que sufre las consecuencias de esta sociedad patriarcal, vertical y jerarquizada.
Existe un enorme déficit, aunque algo se está avanzando, en cuanto a la falta de tejido social y medios para conseguir una verdadera independencia de la mujer, y que pueda seguir luchando por emanciparse de su opresor, pero tenemos que seguir cuestionándonos si las mujeres que son víctimas de esa “violencia de género”van a encontrar soluciones definitivas dentro del marco estrecho del reformismo manteniendo el estado burgués capitalista, o es a su vez, con una lucha decidida contra el sistema que engendra estas desigualdades y esa cultura de considerar a la mujer como “propiedad privada del macho” , es decir, por la superación de este sistema y la lucha por el verdadero socialismo, cuando ambos, mujeres y hombres, conseguiremos la igualdad y la emancipación como seres humanos.
Tenemos que seguir luchando contra cualquier tipo de discriminación, pero la discriminación de la mujer también puede ser vista como una cuestión de clase, no sólo de género, porque lo cierto es que discriminar a una persona por su sexo es enormemente rentable para el capitalismo.
Animamos a las asociaciones de defensa de los ciudadanos a que exijamos y reivindiquemos todos a los poderes públicos que se realicen más trabajos y encuestas para averiguar cuantos millones de euros dejarían de ganar los empresarios si pagaran a las mujeres el mismo salario que a los hombres y no ese escandaloso 30 % de menos que dicen las estadísticas que cobran en la actualidad, o que cuantificaran qué coste social representa el trabajo que realiza la mujer, en el hogar, que todavía es la inmensa mayoría la que lo realiza y si es cierto que piensan que pueden reformar el sistema que lo hagan ya pero que no nos digan que hay que esperar otros 30 años de segunda transición.
El estado capitalista representa un peligro para cualquier trabajador, sea mujer, o sea hombre, en cuanto que su propia dinámica individualista tiende a la desigualdad, siendo imposible que las instituciones que conforman el Estado, por mucho que existan esos derechos plasmados en una Constitución, no lo pueden cumplir, pues sabemos que deberían velar por la igualdad de oportunidades, por la protección a los más débiles, por garantizar el derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación, a la sanidad, y otros derechos democráticos básicos, a la vez que deberían impedir tanta injusticia y tanto abuso, pero vemos que cada día la cuestión social en vez de resolverse, se agrava.
En un estudio realizado por la Asociación de Mujeres Juristas se demuestra la actitud real del aparato judicial con respecto a la violencia de género, explicando que “los fiscales, en los juicios por infracciones leves a mujeres, solicitan la absolución cuando la víctima no acude a juicio o perdona a su agresor, aunque existan daños físicos acreditados y, en los supuestos en los que acusa, solicita pena de multa y sólo pide pena de alejamiento en el 24% de las ocasiones, además no solicita medidas de alejamiento y protección de las víctimas. De hecho sólo se solicitaron medidas de seguridad en el 6% de los juicios de faltas y en el 20% de los procedimientos por delito. Quienes actúan de esta manera, exculpando y justificando en la práctica el maltrato, son señores letrados que representan al Estado, que han estudiado largas carreras universitarias y han aprobado difíciles exámenes para adquirir y demostrar su capacidad para administrar justicia. Una justicia que acusa y castiga a los más débiles, sean mujeres maltratadas o trabajadores victimas de accidentes laborales, pero que exculpa siempre a los poderosos”.
Por otra parte, entre enero y noviembre de 2006, las denuncias efectuadas por mujeres por malos tratos fueron 61.155 y de ellas, 3.000 fueron agredidas por sus propios hijos, pero se estima que el número de maltratadas es superior ya que el 70 por ciento de las españolas lo silencia. Actualmente, el Ministerio de Justicia tiene 210.131 nombres en su registro de maltratadotes, 35.000 mujeres con órdenes de protección y 71.100 personas condenadas por maltrato.
El estado burgués, ante la cuestión del maltrato a la mujer, todavía lejos de cuestionarse el orden existente, (cosa que jamás podrán hacer los jueces sumisos al sistema de forma rotunda), siguen manteniendo sus referentes ideológicos que corresponden a las creencias de un Estado sometido a los valores de la religión vaticana, como la obediencia, la sumisión y demás valores que son imprescindibles para esa sociedad que sustenta el sistema de explotación.
La lucha contra la violencia de género, la lucha por la liberación de la mujer, a diferencia del feminismo burgués y pequeño burgués, que intenta enfrentar en líneas de sexo a los dos géneros, debe estar acompañada de la lucha unitaria, tanto de hombres como de mujeres de la clase trabajadora, en líneas de clase, en una lucha firme contra todo tipo de opresión y explotación. El objetivo de las mujeres trabajadoras no debe desviarse para caer en falsas quimeras de parecerse a los hombres poderosos del sistema para dedicarse a explotar a sus trabajadoras reproduciendo la situación injusta del capitalismo, sino a fortalecer a nuestra clase en la lucha firme por la defensa de los valores auténticamente socialistas.
Tenemos que continuar la lucha diaria con uñas y dientes por acabar con la discriminación a la vez que podamos conseguir todas las mejoras posibles, potenciando el asociacionismo social, pues comprendemos que la liberación de la mujer está ligada a la liberación de la clase trabajadora, como una y mil veces explicaba Pablo Iglesias, el fundador del PSOE y de la UGT, que siempre cumplía honradamente su palabra en los programas, sobre todo en lo que respecta a los derechos de la mujer. Siempre trató de desenmascarar el refugio de hipocresía del núcleo familiar de tipo burgués, institución que condena a la mujer de la clase trabajadora a los trabajos forzados. El intento y la aspiración del socialismo es que la familia tradicional fuera “sustituida, según la intención de la nueva sociedad socialista, por un sistema acabado de servicios sociales universales: maternidades, casas cuna, jardines de infancia, restaurantes, lavanderías, dispensarios, hospitales, organizaciones deportivas, escuelas, institutos, universidades, trabajo asegurado por el Estado, para ambos sexos, todos por igual, etc.…” Es decir, la completa absorción de las funciones sociales y económicas de la familia por la sociedad en su conjunto, para ser autogestionada democráticamente por la sociedad toda, siendo esa la auténtica emancipación por la que merece la pena que luchemos los hombre, hombro con hombro con nuestras compañeras para conseguir esa sociedad de personas libres, justas, honradas e inteligentes que pongan la economía al servicio del bienestar de la sociedad.
PEPE MARTIN.
PORTAVOZ EN MALAGA DE IZQUIERDA SOCIALISTA-PSOE-A
Is-psoe.malaga@terra.es
http://ispsoemalaga.org
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