EN EL DIA DEL TRABAJO: BALANCE SOBRE LA SITUACIÓN LABORAL DE LA MUJER.
En unos estudios realizados en la III Conferencia Internacional: “La obra de Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI”, la maestra y doctora en Servicio Social Claudia Mazzei Nogueira, presenta un análisis sobre el trabajo femenino y las desigualdades en el mundo productivo, donde estudia a través de datos concretos como se traduce en realidad el avance de la emancipación de la mujer a través de su inserción laboral dentro de un contexto de “acumulación flexible y de advenimiento del neoliberalismo”. Los datos nos demuestran que frente al estancamiento y hasta la regresión del trabajo masculino, ha habido un aumento del trabajo remunerado femenino, pero este va ligado a las “áreas donde predominan los empleos precarios y vulnerables”, principalmente en el sector de servicios, empleos temporales (donde tiene un claro predominio la mujer), sub-empleos, etc… Los datos arrojados demuestran la tesis de que la división social y sexual del trabajo, en la configuración asumida por el capitalismo contemporáneo, intensifica fuertemente la explotación del trabajo, haciéndolo, no obstante, de modo aún más acentuado en relación al mundo del trabajo femenino.
Del paralelismo entre trabajo precario, baja remuneración, empleo parcial, e inserción de la mujer en el mercado laboral se desprende el elemento social aceptado de la conciliación entre la vida familiar y la laboral, y se presupone que esa conciliación es exclusiva del sexo femenino. A este respecto, la autora dice: “Y eso ocurre porque el capital, además de reducir al límite el salario femenino, también necesita del tiempo de trabajo de las mujeres en la esfera reproductiva, lo que es imprescindible para su proceso de valorización, toda vez que sería imposible para el capital realizar su ciclo productivo, sin el trabajo femenino realizado en la esfera reproductiva.” Es decir que para la supervivencia del sistema capitalista, es imprescindible mantener la división del trabajo en bases sexistas, manteniendo el salario femenino como un “complemento” a la economía familiar -cuando para la mayoría de los hogares de la clase trabajadora, esa aportación tiene un carácter vital-, y que las mujeres también se mantengan en su papel reproductor y de trabajadoras domésticas obviando de esta forma la arrogación por parte del Estado de ese sector, única medida concreta para adelantar efectivamente en la real emancipación femenina. Este estudio demuestra taxativamente, que esas desigualdades en la división del trabajo entre trabajadores y trabajadoras responden a los intereses directos de la clase dominante.
El capitalismo utiliza la inserción laboral femenina como inserción de mano de obra más barata, más explotada, pero también como una forma de mayor presión a toda la clase trabajadora en su conjunto.
En ese sentido, la autora cita a Helena Hirata, socióloga brasileña que dice así: “La autora (Helena
Hirata) afirma que las mujeres trabajadoras son utilizadas por el capital como instrumentos para desmantelar aún más las normas de empleo dominantes, llevando a una precarización más amplia
para lo conjunto de la clase trabajadora, incluyendo al contingente masculino.”
No es de extrañar, con todos estos datos que las mujeres trabajadoras tengan históricamente un papel
destacado dentro de las luchas obreras, siendo el sector más explotado de la clase trabajadora. Lo
vemos día a día en todos los conflictos, como inmediatamente son las que toman posiciones más
“radicales”. En este contexto, cabe destacar la Ley de paridad aprobada por el parlamento español con el voto negativo del Partido Popular. Aunque esta ley será motivo de un posterior estudio exhaustivo que publicaremos en breve, sí podemos enunciar algunas líneas que nos parecen importantes. El hecho de que el PP se haya opuesto a esa ley, no es casualidad, responde a los intereses de la clase dominante en mantener esa desigualdad laboral sexista de la que hacíamos referencia más arriba; a los empresarios les es de vital importancia mantener el sector de trabajo precario y peor remunerado que representa el colectivo femenino por las razones antes expuestas. Esta ley, aunque no resuelva en su totalidad el problema de desigualdad (aquí ha quedado claro que en un contexto capitalista, es imposible), sí abre una puerta a la mejora de las condiciones de las mujeres trabajadoras en sus apartados específicos al mundo laboral: Título IV: El derecho al trabajo en igualdad de oportunidades, donde se introduce conceptos nuevos como es por ejemplo que: “mediante la negociación colectiva se podrán establecer medidas de acción positiva para favorecer el acceso de las mujeres al empleo y la aplicación efectiva del principio de igualdad de trato y no discriminación en las condiciones de trabajo entre mujeres y hombres”.
También se establece la obligatoriedad para las empresas de más de 250 trabajadores la elaboración de un Plan de Igualdad, y para las de menos trabajadores que ese plan se incluya dentro de la negociación colectiva: “ En el caso de las empresas de más de doscientos cincuenta trabajadores, las medidas de igualdad a que se refiere el apartado anterior deberán dirigirse a la elaboración y aplicación de un plan de igualdad, con el alcance y contenido establecidos en este capítulo, que deberá ser asimismo objeto de negociación en la forma que se determine en la legislación laboral”.
También en el tema jurídico, se introduce un elemento nuevo: “en aquellos procedimientos en los que las alegaciones de la parte actora se fundamenten en actuaciones discriminatorias, por razón de sexo, corresponderá a la persona demandada probar la ausencia de discriminación en las medidas adoptadas y de su proporcionalidad.” es decir que se da vuelta la tortilla, y en caso de denuncia de una mujer por ser objeto de acoso o discriminación, es la parte denunciada la que tiene que aportar prueba para demostrar su inocencia. Como vemos, esta ley tiene que ser un instrumento dentro de los comités de empresa, en todos los sectores sindicales, para hacerla efectiva en todos los lugares de trabajo, de ahí la importancia de que las mujeres trabajadores se incorporen masivamente a esos sectores sociales y laborales para, ley en mano exigir que todos esos avances se plasmen en mejoras concretas. Por dar un ejemplo, una de las actuaciones concretas para que se haga efectiva esa igualdad de oportunidades, sería que las empresas pongan guarderías gratuitas en los centros de trabajo; con esa ley, se hace posible incluir este tipo de mejoras en los convenios colectivos dentro de ese plan de igualdad que están obligadas a llevar a cabo las empresas.
El papel de la mujer trabajadora en todos los movimientos sociales, políticos, sindicales, nunca se ha visto más imprescindible dentro de la lucha global por la transformación socialista de la sociedad. Y nunca como antes, los trabajadores en su conjunto, han visto tan claramente la necesidad de incluir dentro de sus reivindicaciones las de las mujeres concretamente como un elemento más de liberación y mejoras de las condiciones de vida de la clase explotada. Las mujeres trabajadoras tenemos que tener muy claro que la mejor forma de defender nuestros derechos es unirnos a la lucha de la clase trabajadora por la transformación socialista porque somos las primeras interesadas en acabar con un sistema que defiende un modelo de familia tradicional donde nos quieren mantener en esos roles asignados para responder a los intereses de los capitalistas, así como una división del trabajo desigual y sexista ; y también tenemos que huir de toda desviación de “lucha feminista” de corte burgués, donde las reivindicaciones apuntan a igualar las condiciones no del conjunto de las mujeres trabajadoras, sino de las condiciones entre las mujeres burguesas con sus iguales masculinos. Al igual, también tenemos la tarea de explicar a nuestros compañeros de clase la importancia de que ellos mismo abracen la causa de las mujeres trabajadores como un elemento más de lucha en contra del sistema capitalista depredador.
Elena Diaz Ruffo
Miembro del Comité Local PCA. Marbella y San Pedro
Miembro del Consejo Local IU. Marbella y San Pedro
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