Izquierda Socialista

Abril 26, 2007

LA MUERTE DE YELTSIN: EL FINAL DE UNA ÉPOCA Y EL INICIO DE OTRA NUEVA.

Archivado en: General — @ 9:44 pm

Yeltsin fue un símbolo para el sistema capitalista que surgió después de la contrarrevolución capitalista que él encabezó. El hecho de que su muerte ayer fuera recibida con indiferencia en Moscú, muestra el débil apoyo que el capitalismo tiene en la capital, una ciudad donde, a diferencia de las provincias, una capa de la población vive mejor que en los tiempos soviéticos.

 
Como sucesor de Yeltsin y nuevo símbolo del sistema capitalista hoy, Putin alaba a Yeltsin. ¡Naturalmente! Putin no quiere criticar los orígenes de su propia dirección, está atado con un cordón umbilical al mecenazgo de Yeltsin. Por eso al hablar de Yeltsin, Putin realmente está hablando de sí mismo, por ejemplo, declarando que los “nobles pensamientos y palabras de Yeltsin: ‘cuidar de Rusia’, siempre han servido como punto político y moral de referencia”.
Por supuesto, esto no es otra cosa que asquerosa hipocresía. Ni Putin ni Yeltsin han cuidado jamás del pueblo ni de Rusia, excepto de lo relacionado con sus propias carreras. No es una cuestión de nobles pensamientos abstractos ni de democracia, sino que son cuestiones de clase. Si el Kremlin pueden controlar los votos de la población entonces el voto es legítimo, si no, por ejemplo, si un candidato comunista gana y plantea la renacionalización de la industria, Putin y compañía dirían que no se puede confiar en el pueblo, y así sucesivamente. Putin considera su dominio como legítimo, porque Yeltsin le entregó el poder a él, con unas elecciones presidenciales amañadas cuyos resultados estaban decididos de antemano. No es casualidad que Putin esté repitiendo el ejemplo de Yeltsin buscando un sucesor ya que su segundo mandato termina en la primavera de 2008. Teniendo en cuenta todo lo que ha cambiado Rusia bajo su gobierno, el traspaso de poder será básicamente el mismo y el siguiente dirigente deberá su puesto a Putin, y por tanto también a Yeltsin.
Pero no necesitamos mirar más que en Moscú para ver cuál es el verdadero legado de Yeltsin, y de Putin. Es el paraíso para los ricos, es la ciudad del mundo con más multimillonarios, excepto quizá Nueva York. El rápido ascenso de los ingresos de los ricos, el resultado del robo y el saqueo, los grandes ingresos del petróleo hacia el mercado inmobiliario, todo está alimentando la inflación y una desigualdad cada vez mayor. Los salarios no suben, los trabajadores ven la riqueza que están creando cómo la disfrutan los corruptos, los arribistas degenerados. En cambio, los empleos y los salarios son atacados, además el aumento del rublo abarata las importaciones y convierte a la industria rusa en menos competitiva. Las fábricas que podrían dar empleo a miles de trabajadores están siendo arrasadas para construir nuevas oficinas y centros comerciales. En sectores que están prosperando como el comercio inmobiliario, el gobierno local y las empresas constructoras emplean a trabajadores que proceden de fuera de Moscú, de Rusia o de otras antiguas repúblicas soviéticas, para dividir a los trabajadores y mantener bajos los salarios. Desgraciadamente, esto ha tenido un efecto, con la extensión del racismo contra los trabajadores inmigrantes. Sólo tienes que viajar durante una hora por las afueras de Moscú y verás la pobreza de las provincias. Esta es la realidad del capitalismo, sus contradicciones y el parasitismo.
La admiración profesada por Putin hacia Yeltsin y su política económica similar, demuestran que no hay diferencias fundamentales entre ellos. Las diferencias que existen se basan en factores personales. En realidad, el hecho de que tanto Yeltsin como Putin individualmente hayan sido capaces de influir en la política tanto, demuestra lo similar que son sus reinados. Los dos son dirigentes bonapartistas, que están al frente de un aparato del estado que en gran medida se ha independizado de la sociedad y utiliza esta independencia para sus propios intereses.
El papel del estado en la historia reciente de Rusia requiere alguna explicación porque está directamente relacionado con el colapso de la URSS. Yeltsin no creó las condiciones que él tuvo durante los años ochenta y noventa. En realidad estas condiciones son las que ayudaron a conformar a Yeltsin, que respondió a los acontecimientos en lugar de tener un plan preconcebido. Los orígenes subyacentes del movimiento hacia la contrarrevolución capitalista no se encontraban en el nacimiento de Boris Nikolaevich en el seno de una familia pobre de albañiles en 1931, sino el ascenso de la burocracia del partido en la URSS que buscaba defender primero los intereses de su propia casta y sólo en segundo lugar los de la URSS. Esta burocracia del partido fue capaz de establecer un firme grillete sobre la sociedad después de enfrentar a la débil clase obrera soviética contra el campesinado en los años veinte y treinta, ahora atacando a la clase obrera y dando concesiones a los kulaks, para después al campesinado y liquidar a los kulaks como clase. Al mismo tiempo que suprimían los derechos democráticos, lo que quedaba del Partido Bolchevique y del movimiento obrero independiente fue ahogado en sangre. Pero los regímenes bonapartistas por su propia naturaleza son regímenes en crisis, como demuestra el período anterior a la guerra. El papel de la burocracia del partido sólo fue realmente estable después de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, cuando aparecieron décadas de estabilidad se convirtieron en la norma más que en la excepción. En este período se consiguieron resultados fantásticos. La URSS envió el primer hombre al espacio y se convirtió en la segunda potencia industrial del planeta.
Sin embargo, aunque la clase obrera se volvió numérica y culturalmente más fuerte, eso no se tradujo automáticamente en un peso social mayor ni en una influencia política más grande. El nivel en el que factores como los partidos políticos y las clases pueden afectar a su vez al desarrollo económico no desaprueban el marxismo, que no tiene nada en común con la caricatura formalista, antidialéctica del marxismo representada en la Unión Soviética por el PCUS, que reducía el desarrollo social simplemente a la economía. Esto es algo que los teóricos de la conspiración de la izquierda en la Unión Soviética han tenido en cuenta cuando después han culpado del colapso de la URSS a Gorbachov y Yeltsin, en lugar de explicar las causas más profundas y de mayor alcance. Pero esto no significa que los marxistas tengan una bola de cristal con la que puedan predecir el futuro de manera exacta. El método marxista puede revelar la crisis subyacente en la que se encontraba la URSS, pero no definir por adelantado que resultados tendría el final del control burocrático del Estado y la sociedad. Ted Grant explicó a principios de los años setenta, tan pronto como las tasas de crecimiento en la URSS se aproximaban a cero, que el régimen no podía durar y que sería derrocado, pronosticó que la clase obrera recuperaría el control del aparato del Estado y democratizaría los sindicatos, inyectando nueva savia en la economía soviética y en la revolución mundial. Esto era totalmente posible.
De ninguna manera era inevitable que la burocracia consiguiera con éxito restaurar el capitalismo. Al final esto se consiguió, en gran medida, debido a la ausencia de organización por parte de la clase obrera, que no pudo desarrollar un programa o un partido capaces de tomar el poder. Durante el proceso de contrarrevolución capitalista, ni la clase obrera, debido a su falta de organización, ni la clase capitalista, que sólo existía a principios de los años noventa en una forma embrionaria, fueron capaces de controlar el Estado. En su lugar, el Estado con Yeltsin, a pesar de su propia debilidad interna, fijo la última palabra en la política, como fue aparente con el uso del ejército aplastando a la oposición en el parlamento en 1993 y en otros ejemplos. Y dentro del aparato del estado, el presidente tenía un gran peso como árbitro a la hora de decidir el resultado de los enfrentamientos entre fracciones rivales. Por ejemplo, incluso cuando la tasa de aprobación de Yeltsin cayó al 2 por ciento a finales de los años noventa, aún tenía muchas palancas de poder para nombrar y despedir a toda una serie de primeros ministros.
En esencia, lo mismo se aplica al régimen de Putin. Es verdad que en contraste con el reinado de Yeltsin, el capitalismo ahora se ha consolidado y la clase capitalista es más fuerte. Pero, como con la clase obrera en la URSS, esto no significa que la clase capitalista haya aumentado su control sobre el Estado. Todo lo contrario, el Estado con Putin se ha fortalecido y se ha convertido en una palanca por encima de la clase capitalista. El odio del capitalismo y de los capitalistas no ha socavado la dirección de Putin como tampoco lo consiguió con Yeltsin. En su lugar, Putin se ha apoyado en las masas y explotado este descontento para golpear a los oligarcas como Mijail Khodorkovsky, mientras que los intereses comerciales del Estado se han expandido al sector automovilístico, la minería y la defensa. Igual que el Estado ha pisoteado la competencia capitalista en la industria, ha conseguido establecer un monopolio en el parlamento con la recreación del partido del poder, llamado Rusia Unidad, cuyos orígenes, junto con los del dominio de Putin, se encuentran en la época de Yeltsin.
Esta redivisión de la propiedad y el poder se ha producido a costa de antiguos aliados de Yeltsin, que han sido echados de los pasillos del Kremlin por los aliados de Putin en las fuerzas de seguridad. Aquellos que apoyaban a Yeltsin por sus propios intereses empresariales y personales, ahora pretenden que Putin está atacando las libertades y que Yeltsin las defendía, sin clarificar que están hablando de la libertad de los oligarcas a enriquecerse y no de los derechos de la gente corriente. Sobra decir que estas mismas personas en el poder apoyaron a Yeltsin cuando ilegalizó el Partido Comunista y más tarde pisoteó su propia constitución al ordenar que los tanques dispararan contra la Casa Blanca en octubre de 1993. El régimen de Putin es la evolución natural del régimen de Yeltsin. La única razón por la que Yeltsin toleró a la oposición, en un período en que el PCFR tenía mucho poder en el parlamento y entre los gobernadores regionales, es porque él era débil. Si hubiera sido más fuerte no habría actuado de manera diferente a la de Putin.
La muerte de Yeltsin es una oportunidad para enfatizar de nuevo que el régimen de Putin es la continuación de su régimen, e insistir en el hecho de que en el conjunto de la sociedad no se llora a Yeltsin, que el régimen que Putin ahora está presidiendo es la supervivencia del suyo. Pero a diferencia de Yeltsin no morirá de forma natural. Hay que luchar contra él y derrotarlo.
Aunque la clase obrera aún es débil, ya se están viendo los síntomas del resurgimiento de la lucha de clases. Por otro lado, sus enemigos de clase dentro de la elite no son tan fuertes como aparentan ser. Putin es popular como líder en parte porque es visto como algo diferente a los políticos corruptos y peleones que hay en el gabinete y el parlamento. Sin Putin las perspectivas para el sistema no son tranquilizadoras. La estabilidad que la dirección de Putin ha disfrutado es muy superficial. El Estado es poderoso contra grupos de capitalistas y trabajadores, estudiantes y pensionistas, etc., porque el Estado es la ley. Pero es incapaz de resolver de la misma manera las diferencias dentro del Estado. Éstas todavía sólo las puede decidir el presidente, esto significa que el próximo presidente tendrá el poder de ordenar una nueva ronda de redivisión de la propiedad, reflejando la debilidad de las relaciones de propiedad capitalistas y que los capitalistas no son capaces de defenderse del Estado, porque ellos mismos son fruto del mecenazgo del Estado. El surgimiento de un segundo partido de poder en la forma de Una Rusia Justa, ofrece una visión del potencial que la clase dominante tiene para socavar su posición a través de la división interna. En lugar de fortalecer el sistema como un todo, sólo están interesados en sus propios beneficios y prestigio.
La estabilización que ha tenido lugar en Rusia con Putin, ha fortalecido la posición negociadora de la clase obrera. Los trabajadores y la juventud están comenzando a pensar no sólo en la lucha por la supervivencia cotidiana, sino también en qué ocurrirá en el futuro. Según pasan los días, cada vez está más claro, aunque todavía es una minoría, que el dominio del capital, que está atado al dominio político de la burocracia estatal, sólo empobrecerá más a los pobres, explotará a los explotados y enriquecerá a los ricos. Una nueva generación está mirando hacia la clase obrera para que dirija a los estudiantes, a los intelectuales, a los pensionistas contra la clase capitalista y el aparato del Estado. Estas conclusiones están siendo estimuladas por el embrión del movimiento obrero que ha llevado a luchas en las fábricas de Ford, Coca Cola y Heineken, cerca de San Petersburgo. En condiciones de férreo control estatal por parte de los tribunales, pero la lucha sindical está orgánicamente vinculada a la lucha política no sólo contra los empresarios, sino también contra los tribunales y el parlamento. Sólo armados con el método del marxismo y un programa socialista claro, esta lucha embrionaria crecerá en un movimiento de la clase consciente políticamente y bien organizado capaz de derrocar a un régimen que tiene unas raíces muy débiles en la sociedad.
La realidad es que la clase obrera, a pesar de ser numéricamente más débil que en los últimos días de la URSS, aún es la gran mayoría de la sociedad. Sólo necesita estar organizada y generalizar su experiencia. Por ahora el principal activo de la elite dominante no ha sido su propia fuerza intrínseca, sino precisamente la ausencia de esta organización y conciencia por parte de la clase obrera. Pero esto se convertirá en su contrario, con divisiones internas y una posición ideológica débil de la clase dominante, que debe su estatus a los burócratas que traicionaron a la URSS, como Yeltsin, profundizando así la voluntad de la clase obrera para luchar contra el capitalismo y su confianza en sí misma como la única clase en la sociedad que puede modernizar Rusia.
Y lo que se aplica a Rusia también se aplica a la clase obrera de cada país. La derrota de la Unión Soviética y el triunfo del imperialismo afectaron a todo el mundo, no sólo a la URSS. La podredumbre del capitalismo en Rusia hoy es un reflejo de la senilidad del capitalismo globalmente. La nueva época en la que hemos entrado de guerras, revoluciones y contrarrevoluciones, creará muchas oportunidades para que la clase obrera tome el poder. La victoria de la clase obrera en un país estratégico transformará la situación. Este es el potencial de la revolución bolivariana en Venezuela, que está siendo seguida no sólo en América Latina, sino también en Rusia. No es casualidad que los trabajadores en Venezuela estén, sobre la base de su propia experiencia sacando las mismas conclusiones que en Rusia hacia casi cien años. Estas son las lecciones que los trabajadores hoy en Rusia deben aprender e inspirarse en ellas.
La clase obrera rusa es lo suficientemente poderosa para controlar las tendencias burocráticas dentro del estado y está más integrada con la clase obrera mundial que nunca. Una nueva edición de la revolución rusa en las condiciones actuales no sería una simple repetición de 1917. Sería una nueva revolución socialista pero a un nivel cualitativamente muy superior.
                     MISHA STEKLOV.

                     DESDE MOSCÚ.

2 Responses to “LA MUERTE DE YELTSIN: EL FINAL DE UNA ÉPOCA Y EL INICIO DE OTRA NUEVA.”

  1. Jesus Says:

    Creo que el artículo tiene más intención propagandista que analítica e informadora. No creo que hoy día esos argumentos de lucha de clases, etc. tengan mucha virtualidad. El asunto de Rusia es similar al de España: llegaron a situaciomes que les obligaban a transformar el sistema. En España la economía siguió como siempre, detentada por los capitostes de siempre, pero con una superestructura nueva, mas presentable y eficiente, pero en absoluta e ininterrumpida dependencia de esa economía que la creó. Los empresarios necesitaban la “democracia”, interlocutores válidos, sindicatos…
    En Rusia pasó algo similar. El Partido, el KGB, el ejercito, la industria armamentística, el comercio, necesitaban cambiar el envoltorio. Lo que sucedió fue un asunto de Estado dirigido por el Estado. Rusia necesitaba desconectar de la URSS para no verse privada sobre todo de la investigación internacional. No quiero decir que “copiaran” esta, sino que toda investigación sólo es eficaz estando interrelacionada. Debía, debe introducirse en los circuitos comerciales. Incluso tiene que desconectar de un sambenito propiciado por occidente y la cia que es un gran lastre para su desarrollo económico y comercial. La transformación del régimen la hizo el propio régimen. Algo similar a lo de los mismos perros con distintos collares. No creo que Putin sea un fenómeno individual. Putin es el resultado de la necesidad de encauzar las cosas, porque ¿quién quitó a Yeltsin? Igual ocurrirá con quien suceda a Putin. Será un hombre que tendrá la misión de su antecesor: enderezar las cosas, recuperar el tiempo perdido, seguir desarrollando la industria militar y espacial,
    aumentar las ventas de petroleo, desarrollar la tecnología nuclear. Recientemente leí un artículo en cual se informaba de como algunas repúblicas querían regresar a la federación, pero que a Rusia no le interesaba por el momento, hasta que sanearan sus economías. Sería bueno que nos informaran como a adultos sobre estos asuntos. Recuerdo que hasta 1996 a China la ponían en el lugar 84, creo recordar según PIB, hasta que se dieron cuenta, inocentes de ellos, que habían hecho los cálculos mal y estaba en sexto o quinto lugar. Sobre este tema es interesante el último libro de Tamames sobre China.

  2. PEPE MARTIN Says:

    Hola Jesús:
    Puede que sí, que la crónica que nos hace el compañero Misha desde Moscú tenga algo de propaganda de las posiciones polìticas que éste defiende. Está claro que todo debate político es en sí, propagandístico, pues por muy objetivo que se quiera ser, el subjetivismo que conlleva la defensa de los ideales condicionan algún tipo de propaganda. La neutralidad absoluta es una quimera.
    Sin embargo, el debate sobre ese personaje histórico de la Rusia actual es muy interesante. Me he permitido recabar algunos datos históricos del Golpe de Estado de Yeltin y su camarilla que considero útil, por si quieres continuar profundizando en el análisis de los procesos que se dieron en Rusia. El conflicto entre Yeltsin y el parlamento fue un conflicto entre dos alas de la burocracia rusa que se manifestó durante los acontecimientos de agosto de 1991. El portavoz Ruslan Khasbulatov y elLos dos principales líderes del parlamento inicialmente se habían posicionado detrás devicepresidente Alexander Rutskoy Yeltsin a las afueras del Parlamento (la Casa Blanca).
    Pero cuando llegaron al poder los antiguos “aliados” se encontraron en campos opuestos. La caótica y aventurera privatización, junto al resto de “reformas” pro-capitalistas habían logrado en pocos meses demoler la economía rusa. A lo largo de 1992 se desarrollo una creciente oposición a la política de Yeltsin por parte de aquellos burócratas que estaban preocupados por la situación de la industria rusa, así como por aquellos dirigentes regionales que querían mayor independencia de Moscú. Los dirigentes de las repúblicas ricas en petróleo como Tatarstan o Bashkiria incluso reclamaban la plena independencia de Moscú. Muchas de estas demandas encontraron representantes en el propio parlamento.

    Sin embargo, los problemas a los que se enfrentaba la burocracia no eran nada comparados con los sufrimientos de la gente normal de Rusia. La abolición de los precios fijos provocó en algunas zonas a una inflación del 300-350%. De un solo golpe, la población perdió también todos sus depósitos bancarios. Para muchos pensionistas fue la peor catástrofe de sus vida. La producción industrial agosto de 1993 había caído un 41,3% con respecto a enero de 1990. Fue la mayor depresión en tiempos de paz de una economía nacional y las “reformas” capitalistas eran las responsables. Decenas de miles de trabajadores de las provincias perdieron sus empleos. Muchos estaban hambrientos y apenas sobrevivían. Podemos comparar los efectos de estas reformas económicas capitalistas en Rusia con algunas de las acciones de Stalin en la década de los años treinta. Pero al menos la economía bajo Stalin al final despegó. Como dijo un joven reformista ruso, las “reformas” capitalistas simplemente han “creado propietarios”.

    Las masas rusas estaban confusas y desorganizadas. Sin embargo, algunas de ellas trataron de contraatacar. En diferentes regiones estallaron huelgas esporádicas, pero las masas no tenían un programa claro con objetivos políticos y económicos. Simplemente protestaban contra las nuevas y terribles condiciones de vida. El viejo sistema de sindicatos soviéticos colapsó al mismo tiempo que los dirigentes sindicales buscaban la manera de colaborar con el régimen.

    En agosto de 1991 Yeltsin prohibió el viejo PCUS sin ningún tipo de resistencia. La clase trabajadora no tenía ningún representante en el nuevo parlamento. Pero nosotros sabemos que si se bloquea a la clase trabajadora en el frente parlamentario, ésta buscará otras formas de lucha.
    El período de 1992-1993 fue el del surgimiento de nuevos partidos estalinistas. Éstos defendían el regreso a los gloriosos días del “Gran Líder Stalin” y la restauración de la Unión Soviética con las fronteras anteriores a 1991. Este tipo de pensamiento les llevo a una estrecha alianza con los grupos nacionalistas. Estos grupos habían apoyado inicialmente a Yeltsin como el “salvador” de Rusia del “comunismo judaico”, pero más tarde se enfadaron con él. Tampoco tenían un programa económico para la clase trabajadora más allá de la vuelta a los “buenos viejos tiempos soviéticos”.
    Para mucha gente que vivía la pesadilla capitalista de 1992-1993 esto era más que suficiente. La alianza de los “comunistas” con los nacionalistas y antisemitas alejo a muchos buenos jóvenes, trabajadores e intelectuales. Sin embargo, ante la falta de alternativas muchos trabajadores se afiliaban a estos partidos. El más fuerte de estos partidos era “Trudovaia Rossia” (“Rusia Obrera”). Esta organización, liderada por el periodista Victor Anpilov, se convirtió en un partido de masas con miles de militantes. Los años 1992 y 1993 fueron testigo de grandes manifestaciones y acciones de protesta en Moscú. Especialmente sangrienta fue la celebración del 1º de Mayo de 1993 en el que la policía se enfrentó a cien mil manifestantes. Ese día un policía murió y tres manifestantes fueron asesinados. Esto sólo sería el ensayo general de lo que estaba por venir.

    El 21 de septiembre de 1993 Yeltsin decidió poner fin a su viejo conflicto con sus oponentes en el parlamento. Disolvió el soviet supremo y asumió todo el poder, gobernando por decreto. Este fue el decreto presidencial número 1.400. Formalmente, de acuerdo con la constitución rusa de entonces, esto era absolutamente ilegal. De acuerdo con la constitución, con la disolución del parlamento Yeltsin debería haber abandonado su puesto y convocado nuevas elecciones en tres meses. Era un primer paso para establecer un régimen bonapartista en Rusia. El tribunal constitucional ruso declaró que las acciones de Yeltsin eran absolutamente ilegales. Ese mismo día los primeros voluntarios llegaron a la Casa Blanca y construyeron barricadas simbólicas. Algunos llegaron para “defender la constitución”. Otros manifestaban no su apoyo al parlamento, sino su oposición al régimen de Yeltsin. La mayor parte de los trabajadores rusos ignoraban estos hechos. No tenían interés en defender un parlamento que nunca se había mostrado interesado en las necesidades de los obreros. Victor Anpilov escribió en sus memorias: “Ante nuestro llamamiento a la huelga y la defensa del Soviet Supremo, la ZIL (una empresa automovilística de Moscú) respondió airada: ¿Yeltsin, Gaidar, Rutzkoy, Khasbulatov? ¿Cual es la diferencia? ¿Están luchando por el poder y debemos derramar nuestra sangre por ellos?”

    El 23 de septiembre la Casa Blanca fue rodeada por cordones policiales. Se cortó el suministro de agua y electricidad. El objetivo de estas medidas era expulsar del edificio a los parlamentarios y sus seguidores. Por iniciativa del presidente Rutzkoy se llamó a defender la Casa Blanca a miembros Este fue un regalo para el¡los nazis rusos!de la Unidad Nacional Rusa (UNR) aparato de propaganda gubernamental que lo utilizó para presentar a todos aquellos que estaban participando en la defensa del parlamento como parte de una conspiración comunista-fascista. Un simpatizante comunista escribió sobre esto en sus memorias:

    “Con relación a la gente de Barkashov (UNR), todos los mirábamos desesperanzados. Quizás sean las unidades con mayor experiencia y mejor entrenamiento después de los Cosacos. Pero son fascistas. ¿Quién entre nosotros habría pensado que estaríamos junto a ellos? Pero están aquí; y eso hace posible que se diga que todos somos fascistas. ¿Quizás estén aquí especialmente para eso?”

    El 3 de octubre alrededor de la Casa Blanca había en torno a 200 fascistas junto a otros pocos nacionalistas, pero se quedaron abrumados con la presencia de 300.000 manifestantes. Entonces, militantes de las juventudes comunistas, grupos anarquistas, organizaciones de izquierdas y marxistas convergieron en el edificio del parlamento. Se enfrentaron a los fascistas y distribuyeron panfletos. Los anarquistas y algunos otros grupos organizaron el “Batallón Médico Victor Serge” para cuidar de los heridos.
    El ambiente general cambió a favor de los defensores del parlamento. Las masas no tenían ninguna ilusión en la democracia parlamentaria, pero les gustaba mucho menos la perspectiva de la dictadura de Yeltsin.
    El 28 de septiembre se dieron los primeros enfrentamientos violentos entre la policía especial (OMON) y diez mil manifestantes que querían ir en ayuda de los defensores del parlamento. La violencia policial enfureció a la opinión pública. Este se convirtió en un factor importante durante los siguientes días. El gobierno ordenó que se reforzase Moscú con destacamentos policiales de las provincias. A estas fuerzas de la OMON se les dio la orden de “dar una buena lección a esos presuntuosos moscovitas”. Atacaron con gran brutalidad a la gente en todas partes, algunas de sus víctimas no tenían nada que ver con el parlamento y la resistencia.
    Se dieron casos de jubilados apaleados hasta la muerte. Esta represión contra el pueblo de Moscú era la misma que utilizó la policía francesa contra los estudiantes en 1968, y tuvo los mismos efectos. Impulsó la acción de masas. El 30 de septiembre se construyeron las primeras barricadas.

    ¿Y qué estaban haciendo los “líderes” del parlamento? Estaban buscando un compromiso con el gobierno y hasta el último momento esperaban llegar a un acuerdo. Las negociaciones con el Patriarca Ortodoxo Ruso como mediador continuaron hasta el 2 de octubre. Para entonces, docenas de personas habían muerto y cientos habían resultado heridas.

    El 2 de octubre en la plaza de Smolensk unidades especiales de policía abrieron fuego contra una manifestación pacífica. Ese día cerca de 80 personas murieron o resultaron heridas. Pero el día siguiente, el 3 de octubre, fue un día de venganza. Más de 50.000 personas se congregaron en Gorki Park a las dos de la tarde para apoyar a los defensores del parlamento. Había muchos nacionalistas, pero la mayoría eran trabajadores, jóvenes y pensionistas gritando consignas comunistas y de izquierdas. Para daros una idea del tipo de personas presentes aquí hay un breve dialogo retransmitido desde la manifestación:

    Periodista: ¡Hola! Soy de ITAR-TASS (Agencia de noticias rusa).
    Manifestantes: ¡Vale! Pero debes decir la verdad acerca de lo que esta pasando aquí.
    Periodista: ¡Ese es mi trabajo! ¿Quiénes sois? ¡Dicen que aquí solo hay lúmpenes!
    [Risas Generalizadas]

    Manifestantes: Yo soy ingeniero. Y yo, estudiante. Yo Trabajador. Yo soy un técnico. Yo estudiante. Yo soy ingeniero. Yo soy científico. Yo trabajador. ¡Sí… sólo lúmpenes y si techo!

    Víctor Anpilov escribió en sus memorias que las consignas eran: “¡Constitución, Yeltsin a la cárcel, Rutzkoy Presidente, Unión Soviética, Lenin, Patria, Socialismo!”. Había alguna bandera nacionalista pero fundamentalmente había banderas rojas.
    La población conocía la masacre cometida el día anterior y estaba furiosa. Decidió espontáneamente trasladarse hacia el soviet supremo. En el puente de Krimsky los cordones de la policía y el ejército estaban esperando a los manifestantes, pero no estaban preparados para un movimiento tan masivo, y las líneas de la policía fueron aplastadas. Algunos policías trataron de huir arrojando por el camino sus escudos y cascos e incluso abandonando sus vehículos. Otros pidieron clemencia y algunos incluso se unieron a la multitud. Es importante recordar que las masas trataron a sus enemigos con humanidad.

    Los manifestantes continuaron su marcha hacia el parlamento pero entonces algunos seguidores de Yeltsin abrieron fuego desde el cercano ayuntamiento de Moscú. Inmediatamente después del ataque, los manifestantes asaltaron el ayuntamiento arrestaron a los policías y tiradores e incautaron sus armas y equipos. La bandera de Yeltsin, la bandera del ejército blanco y los colaboracionistas nazis, fue arrancada y reemplazada por la bandera roja. En pocos minutos la columna había llegado a la Casa Blanca y fue recibida por los defensores del parlamento.

    Este fue un momento crucial. Yeltsin y sus seguidores estaban totalmente desmoralizados. El ejército vacilaba. Algunas pequeñas unidades llegaron al parlamento y se unieron a los defensores. Muchos dirigentes locales también declararon su apoyo al parlamento. El primer ministro de Yeltsin, Igor Gaidar, un hombre odiado por la mayoría de los rusos por sus “reformas”, llamo a los “defensores de la democracia” a defender en las calles a su presidente. Pero la burguesía moscovita no tenía suficiente coraje para enfrentarse a la insurrección de las masas. Solo unos pocos cientos de personas de las clases medias y de la “juventud dorada” aparecieron por la Tverskaia “para defender al presidente y la democracia”.

    El problema estaba en la Rutzkoy y Khasbulatov nodirección. El sueño de los dirigentes parlamentarios era una revolución política. Querían el poder para ellos mismos o al menos un buen acuerdo con Yeltsin. Se opusieron tajantemente a armar a las masas, incluso cuando en la Casa Blanca había unos 5000 rifles AK.
    Los estalinistas, incluso los más militantes, no estaban preparados para liderar el movimiento de masas, por eso se presentaron como los “defensores de la Unión Soviética”, pensando que sería suficiente con remplazar al malvado Yeltsin por el bondadoso Rutzkoy, y así se podría reestablecer la vieja URSS inmediatamente. No había una dirección revolucionaria. Las masas actuaron espontáneamente y esto era suficiente para que el movimiento empezase a caminar, pero no era suficiente para alcanzar la victoria final. Los líderes eran empujados por las masas y se sentían envalentonados por ellas, pero esos mismos líderes no tenían ni idea de como llevar a las masas a la victoria. El estalinismo no les había enseñado como hacer esto. Todo lo que les había enseñado era a hacer coaliciones con nacionalistas y burócratas “progresistas”. Al final, la postura del ejército se volvió crucial. Muchos oficiales y soldados ordinarios no sentían ninguna simpatía por Yeltsin, pero los defensores del parlamento no enviaron a ningún agitador a los barracones, reduciendo su agitación a los militares que ya les eran próximos. Rutzkoy, antiguo general, apeló a sus ex compañeros.
    Pero muchos de los generales estaban profundamente ligados a la corrupción del régimen de Yeltsin y no querían ningún cambio. Le prometieron ayuda al soviet supremo, pero en el último momento se cambiaron al bando de Yeltsin. También estaba el papel que jugó la policía especial y los cuerpos especiales del ministerio del que aunque no eran rival para el ejército estabanasesinos a sueldointerior preparados para disparar a gente inocente con gran placer.

    La noche del 3 de octubre, usando vehículos capturados y autobuses, la gente se trasladó al centro de televisión de Ostankino. Fueron allí no con la intención de tomar el edificio, sino simplemente para pedir a las autoridades televisivas que les dieran la oportunidad de expresar sus opiniones. El edificio estaba protegido por una unidad especial de policía, la “Vimpel”. En un primer momento la Vimpel solo tenía a 20 o 30 hombres custodiando el centro de televisión de Ostankino, pero las masas perdieron tiempo negociando con ellos (demostrando una vez más la naturaleza pacifica de los manifestantes) y la policía pudo así traer refuerzos, incluyendo soldados profesionales.
    A las 19:10 horas los policías de la Vimpel abrieron fuego contra la multitud. Entre la muchedumbre no había más que un puñado de miembros del autodenominado Sindicato de Oficiales (una organización nacionalistas de antiguos oficiales del ejército soviético), manifestantes,armados con kalashnikovs, que respondieron al fuego. El resto intentaron escapar pero fueron atacadospublico en general, periodistas, niños desde atrás por los carros blindados. La gente no tenia ninguna oportunidad frente a las ametralladoras pesadas de 14,5mm.
    El número de muertos y heridos aumentaba dramáticamente según pasaban los minutos. La policía especial también tiroteó al personal médico y a las ambulancias que trataban de evacuar a los Peck Rori yheridos. Dos periodistas extranjeros de la televisión francesa también recibieron disparos. El tiroteo alrededor delDanken Terry Mickel edificio Ostankino se prolongó durante toda la noche. Al mismo tiempo, en Leningrado, cientos de estudiantes acudieron a la estación de televisión local para declarar su solidaridad hacia el soviet supremo. El alcalde pro-Yeltsin de la ciudad, Anatoly Sobchak, envió cientos de policías y soldados del ministerio del interior para proteger el edificio. En las provincias alrededor de Moscú grupos de activistas y militantes comunistas desarmaron a la policía y tomaron el poder en algunas ciudades pequeñas. Mantuvieron estas posiciones durante algunos días después de que el soviet supremo hubiera caído.

    En la madrugada del 4 de octubre Yeltsin finalmente llegó a un acuerdo con algunos de los generales para enviar algunas unidades a la ciudad. Éstas llegaron a la Casa Blanca aproximadamente a las 5 o 6 de la mañana. Las personas que defendían las barricadas de la Casa Blanca creían que estas unidades venían en respuesta a la llamada de Rutzkoy y por eso al principio las recibieron con alegría. Pero a los pocos segundos comprendieron su error. Los tanques y blindados abrieron fuego contra la multitud sin previo aviso. Aquellos que sobrevivieron a este primer ataque se refugiaron en el edificio del parlamento. Cientos de personas, incluyendo mujeres y niños, se agolparon en el edificio. En las horas siguientes los tanques fueron llegando a los alrededores del edificio y empezaron a bombardear el parlamento.

    El mundo entero pudo ver estas imágenes a través de la CNN. Fueron acompañadas con reportajes e imágenes de esta gloriosa “¡nueva democracia rusa!” Cientos de burgueses moscovitas se sentaron en los bancos del río Moscú para observar el bombardeo del edificio del parlamento. En las noches anteriores estos mismos burgueses se distinguieron por su absoluta falta de valor. Ahora, protegidos por los tanques, se disponían a humillar y golpear a los prisioneros. Gritaban “¡Comunistas, estáis acabados!” Como se puede observar el ambiente entre la burguesía no ha cambiado mucho desde la Francia del siglo XIX. Lo irónico de la situación es que las tropas en su prisa por aplastar a los defensores del parlamento incluso golpearon a alguno de los burgueses que estaban aplaudiéndoles y algunos también recibieron disparos de las tropas gubernamentales. Pero esto es típico de semejante situación, como vimos en el 18 Brumario de Luis Bonaparte.

    A las 15:13 horas el parlamento capituló. Cientos de prisioneros, incluyendo a los diputados, fueron subidos a autobuses y llevados a prisión. Rutzkoy suplicó clemencia, pero no esto no le salvó del ridículo. Alguno de los comandantes yeltsinistas le humillaron diciendo que un “verdadero general” no habría acabado en prisión en tres ocasiones (siendo antiguo piloto militar, Rutzkoy fue capturado y encarcelado en dos ocasiones por los mujaidines afganos). Sin embargo, algunos de los defensores de la Casa Blanca lograron huir a través de los subterráneos.

    Moscú ahora se encontraba bajo el dominio del terror blanco. La ciudad fue ocupada por unidades del ejército y la policía especial. El día anterior Yeltsin había declarado la ley marcial en el territorio de Moscú. Se pudieron observar algunas escenas terribles dentro y en los alrededores del edificio del parlamento. El ejército y la policía cazaba a los seguidores del soviet y en muchos casos los fusilaba en el acto. En 1995 una comisión de la Duma rusa encargada de investigar estos hechos demostró que en los sótanos de la Casa Blanca se habían realizado ejecuciones masivas. El ejército disparó incluso contra los heridos, incluidos mujeres y niños. También se registraron casos de violaciones y pillaje. Esto no era Chile en 1973. ¡Era Moscú en 1993! La mayoría de las víctimas eran jóvenes trabajadores de entre 16 y 25 años.

    De acuerdo con los datos oficiales durante esos días murieron 149 personas. Este dato no se acerca ni por asomo a la cifra real. El 7 de octubre incluso la pro-americana Radio Liberty tuvo que informar del asesinato de 1.012 personas y que muchas más murieron más tarde en los hospitales. La Voz de América informó de que muchos de los cadáveres de los que habían estado defendiendo el edificio del parlamento fueron incinerados durante la noche sin registro alguno. Al día de hoy, nadie sabe realmente cual es el número real de víctimas. Algunos estiman que la cifra podría estar cerca de las 2.000 personas.

    Durante los días siguientes al aplastamiento de la rebelión, los principales dirigentes soviéticos, comunistas y nacionalistas fueron encarcelados y la prensa de la oposición fue cerrada. La prensa de derechas y la intelectualidad gritaban histéricamente “que se aplaste a los reptiles” (Razdavit gadinu) y pedían el establecimiento de un régimen de terror. Pero la posición de Yeltsin no era tan sólida como pudiera parecer. El conflicto dentro de la burocracia no se había resuelto ni siquiera después de la sangrienta victoria de la fracción de Yeltsin. El ejército seguía dividido. Mientras algunas capas de las masas se encontraban paralizadas por el golpe, otras estaban enojadas y veían a Yeltsin como un usurpador. El PCFR (Partido Comunistala Dumaelecciones al nuevo parlamento de Yeltsin de la Federación Rusa), dirigido por Gennady Ziuganov, obtuvo la mayoría. (El propio Ziuganov no fue detenido el 4 de octubre por que logró huir del edificio del parlamento el día antes de que éste fuera bombardeado).

    Enfrentado a esta realidad, a Yeltsin no le quedó otra alternativa que declarar una amnistía para todos los prisioneros políticos. Ahora dependía más que nunca de la cúpula militar, esto le empujaría más tarde a lanzarse a la aventura chechena. Para muchas unidades especiales los acontecimientos de Moscú en 1993 no fueron más que una “sesión de entrenamiento” para la sangrienta pesadilla chechena.
    Los antiguos dirigentes soviéticos, Jasbulatov y Rutzkoy, encontraron su lugar en el nuevo régimen. Rutzkoy llego a ser gobernador de la provincia de Kursk y se convirtió en un virulento anticomunista. ¡Incluso prohibió la celebración del 1º de Mayo en su región!

    Los líderes estalinistas de Trudovaia Rossia y del PCOR (Partido Comunista Obrero Ruso) se encontraron con una sorpresa desagradable una vez salieron de la cárcel. Las masas los abandonaron para apoyar al PCFR que acabo obteniendo una fuerte presencia parlamentaria. A día de hoy, esos partidos se parecen más a sectas de jubilados que a auténticas organizaciones políticas.

    Los acontecimientos de octubre de 1993 fueron un importante punto de inflexión en la transición de Rusia desde un estado obrero deformado (estalinista) a un estado capitalista. El sistema soviético de 1993 no se parecía en nada al que había establecido la revolución de 1917. Se parecía más a un parlamento de diputados que a una asamblea de delegados elegidos democráticamente por los obreros. Pero incluso este soviet degenerado era demasiado para la naciente clase capitalista rusa. Las fuerzas sociales que se laenfrentaron en 1993 eran las de un período de transición y transformación burocracia, el proletariado, el ejército, la pequeña burguesía….

    Si has llegado leyendo hasta aquí, y te consideras con información diferente a ésta, que pueda ilustrar más la historia, aunque sea con un rasgo propagandístico distinto, te ruego nos la hagas llegar, por cuya investigación te estaríamos muy agradecidos.

    Con nuestros fraternales saludos socialistas, quedo tuyo y de la causa de los trabajadores.

    Pepe Martin
    Portavoz en Málaga de IS-PSOE-A.

Leave a Reply