MEMORIAS DE LOS 30 AÑOS DEL 15-J. (LA CRISIS DEL FRANQUISMO, LA CONTROVERSIA: REFORMA O RUPTURA y LA ILUSION DEL TRIUNFO DE LA IZQUIERDA) (*)
La crisis del régimen franquista era total. Tanto en los campos de la política,
de la economía, como en lo social e incluso cultural, el deterioro
era terminal. La incertidumbre ante el futuro era agobiante. La tensión
se palpaba en el ambiente. El descontento era general. Ninguna de las
clases sociales en litigio tenía claro quién prevalecería. Las clases medias
empezaban a girar a la izquierda. El movimiento sindical libre se
empezaba a recomponer, así como el movimiento ciudadano.
El instinto de clase hacía que la mayoría luchara por un cambio,
por una vida mejor, por avanzar en las conquistas de las libertades,
de mejores rentas salariales, de mejor calidad de vida. En Campanillas,
al igual que en miles de pueblos y comarcas del Estado, ya a mediados
de 1976 hacía varios meses que existía un embrión de coordinadora
que la componíamos algunos trabajadores de diversas cerámicas,
sector industrial predominante en esta barriada, que se
empezaba a contagiar de las durísimas luchas de la textil Intelhorce,
de la construcción, de hostelería, que eran la vanguardia del movimiento
obrero malagueño en esa época.
La crisis general de 1973-74 desató un proceso de inflación muy
fuerte, llegando a soportarse por los trabajadores subidas del IPC del
orden del 20-22% en cifras oficiales y pese a los maquillajes del sistema,
llegando a la cota máxima del 26,4% en 1977, que en realidad
eran más altas, lo que producía un malestar permanente entre la clase
trabajadora, pues la inflación devoraba materialmente los salarios,
notándose casi mes a mes. La subida del pan en el primer trimestre
de 1976 alcanzó el 40%.
El paro obrero llegó a la cifra de un millón, cuando en 1973 el número
de desempleados era sólo de 300.000, es decir, en menos de tres
años se había incrementado más de un 300%. La evasión de capitales
era el deporte preferido de los capitalistas; en los cinco primeros meses
de 1976, la fuga de capitales alcanzó la abultada cifra de 60.000
millones de pesetas (de las de entonces).
La industria era saqueada y descapitalizada a mansalva, con una
fuerte huelga de capitales. Esto provocó que a partir de 1975 la inversión
productiva, que es el dato donde se refleja la creación o destrucción
de puestos de trabajo, cayera un 4%. Ante tal bancarrota, el INI
(Instituto Nacional de Industria) tuvo que sostener una enorme cantidad
de empresas que iban a la quiebra. En 1976, hubo que inyectar
más de 115.000 millones para paliar la crisis del Estado que se derrumbaba,
con sus estructuras roídas y esquilmadas por los propios
capitalistas, que lo estaban saqueando ante el temor de un inminente
cambio de régimen.
La burguesía estaba aterrada por la situación y por el avance del
movimiento obrero, que conquistaba sus derechos a golpe de movilizaciones
y luchas, sobre todo cuando todavía estaba cerca el ejemplo
de la Revolución de los Claveles en Portugal hacía sólo dos años, que
contagió a parte del Ejército y desarrolló un núcleo —la clandestina
UMD (Unión Militar Democrática), creada en agosto de 1974 por oficiales
de izquierdas— que conectaba con la psicología de la tropa y
que estaba predispuesto a apoyar al pueblo en una ruptura radical
con el sistema. En el momento de su desarticulación por la dictadura,
la UMD contaba, entre oficiales y suboficiales del ejército, con más
de 200 personas, y tenía ramificaciones hasta en el seno de la Guardia
Civil, donde el famoso Sindicato Unificado de la Guardia Civil
(SUGC), muy combativo, estuvo luchando por su legalización durante
muchos años.
Aquellos luchadores por la democracia y la libertad fueron expulsados,
represaliados y algunos encarcelados y muchos de ellos continuaron
su lucha pasando al frente político y sindical, como Carlos
Sanjuán de la Rocha, que había sido comandante jurídico de la Armada,
siendo represaliado por motivos políticos y llegó a ser secretario
general de la UGT en Málaga. También ocupó cargos de dirección
como miembro muy destacado del PSOE, uno de los pocos que en la
actualidad, y con más de treinta años de lucha a sus espaldas, continúa
en activo, al que también tenemos que reconocerle, con sus errores
y sus aciertos, el valiente apoyo y defensa de algunos sindicalistas represaliados por el régimen por estar afiliados a UGT y que habíamos
sido denunciados por la patronal cerril del momento como
“elementos peligrosos”. Por cierto, que uno de los “empresarios cerriles
del momento”, en calidad de asesor más influyente, era Don
Juan Jiménez Aguilar, que aprendió tanto de democracia en aquellas
luchas que lo hicieron secretario general de la gran patronal CEOE
(Confederación Española de Organizaciones Empresariales), cargo
que todavía ostenta.
Hubo momentos del proceso en que pequeños sectores productivos,
como el nuestro, dieron un salto cualitativo en la lucha, dejando
de ser un sector atrasado donde durante años no se movía nada, no
se revisaban los convenios, sino que alguna vez que otra se otorgaban
algún alza salarial de acuerdo con los criterios de las comisiones paritarias
del Vertical (nombre dado al sindicato franquista), que eran
unas figuras que representaban una pantomima de representación laboral
dominadas por la patronal.
Esta situación desagradaba cada vez más a muchos trabajadores
porque la inflación se comía los salarios, y dio comienzo la contestación,
la reclamación y el malestar, iniciándose un activismo de los
más inquietos y que primero tomaban conciencia de la grave situación
social del momento, ante una dictadura a la que se le había
muerto el dictador un año antes y donde la falta de libertades nos asfixiaba,
donde todo estaba prohibido, donde el despotismo de la patronal
y la situación del régimen eran ya caóticas.
La moribunda legalidad del sistema autoritario no se atrevió a impedir
que UGT, en abril de 1976, realizase en el barrio madrileño de
Cuatro Caminos, su XXX Congreso Confederal, que representó un
hito histórico y un espaldarazo a la lucha y la presión por la legalización
del sindicalismo de clase, pues se trataba del primer congreso de
un sindicato libre desde el golpe de Estado franquista.
En abril de 1977 fueron legalizados los sindicatos de clase, y por
esas mismas fechas el PSOE recibía luz verde para funcionar como
partido legal. Al Partido Comunista de España (PCE) lo legalizaron
coincidiendo con la Semana Santa, y el pueblo rumoreaba que habría
sido para coger a la burguesía más reaccionaria rezándole a sus santos
en El Escorial.
A partir de esas fechas se empezaron a abrir públicamente las Casas
del Pueblo. UGT de Málaga instaló la suya en un viejo caserón
destartalado en el Pasillo de Atocha, donde permaneció algún tiempo
antes de trasladarse a la calle Diego de Vergara y posteriormente
a la sede actual.
En los primeros meses, de febrero a julio de 1977, el compañero
Manuel Montoro, un veleño duro, veterano luchador por la República
durante la Guerra, socialista honrado a carta cabal y firme en sus
ideales largocaballeristas, que militaba en la Agrupación Socialista de
Miraflores y que había sido elegido para el cargo de secretario de Administración
de la Federación de la Construcción, Madera, Cerámica
y Cementos de UGT de Málaga —que es como se llamaba el sindicato,
semiclandestino hasta aquellos momentos— no daba abasto a admitir
afiliaciones. Estaba eufórico de la avalancha de gente que acudía
a sindicarse, de las luchas de todos los sectores, de la capacidad
organizativa que iba alcanzando la clase obrera, de la iniciativa de los
trabajadores al construir sus secciones sindicales.
Miles de trabajadores pedían la entrada en UGT y en otros sindicatos,
como CCOO. El carnet de UGT costaba 100 pesetas por la afiliación
y el de CCOO lo entregaban por 50 pesetas. Se afiliaban fábricas
casi completas. Miles de obreros entraban en masa a estas nuevas
organizaciones recién legalizadas, que pasaron de tener unos 500.000
afiliados en todo el Estado, al comienzo de 1977, a cerca de cinco millones
en 1978.
La euforia y la efervescencia social del movimiento sindical, recién
conquistadas las libertades, los derechos de reunión, sindicación,
manifestación, petición y huelga, empujaron el avance en el proceso
de las conquistas de las libertades políticas, que acabó yendo más allá
de lo que a la burguesía le hubiera gustado, pero no llegó tan lejos
como los líderes políticos de la izquierda hicieron creer a las masas,
pues fuerzas había de sobra para que se produjese la ruptura con el
viejo sistema.
En abril de 1977, Suárez convocó las elecciones generales, tan reclamadas
por el pueblo en su conjunto. Las condiciones para la burguesía
eran muy ventajosas respecto a las de los partidos obreros, sin
apenas recursos económicos ni locales —reclamaban el patrimonio
expoliado por Franco, devuelto, aunque sólo en parte, muchos años
después—, y con el reflejo de un miedo atroz por parte de las direcciones
de las izquierdas al proceso de involución latente en ciertos
sectores de la casta militar más reaccionaria y de los capitalistas que
más habían medrado durante la dictadura, muchos de los cuales tenían
preparados “escuadrones de Fuerza Nueva”, con la clara intención
de volver a las andadas.
El histórico 15-J, con un ambiente muy caldeado por parte de las
masas, se celebraron las elecciones. UCD (Unión de Centro Democrático),
encabezada por Suárez, obtuvo el 34,7% de los votos y AP, dirigida
por Fraga, el 8,2%. Esto sumaba un total del 42,9% de voto de
derechas. El PSOE sacó un 30%, que junto con el 4,5% del PSP de
Tierno Galván y el 9,2% del PCE daban un total del 43,7% de votos
de izquierdas, superando claramente a la derecha.
Sin embargo, la división de la izquierda y el machaqueo de los
medios de comunicación — reivindicando la necesidad del “centro”
y llamando a la calma y a la moderación— hizo que, sin gran controversia
por parte de las direcciones obreras, se optase por dejar que
Suárez formase gobierno.
La burguesía, que controlaba los medios de difusión de masas,
hizo creer a todos que había ganado limpiamente Suárez, la democracia,
el centro. El Rey encargó la formación de Gobierno a Suárez, bastante
animado, pues todo le estaba saliendo bien. La izquierda, desunida,
lo asumió y las direcciones llamaban una y otra vez a la calma,
para que la lucha obrera se detuviera.
Pese a que el sistema electoral favorece a la derecha porque en las
provincias más atrasadas y con menos población, fieles a ella, se requieren
muchísimos menos votos para sacar un diputado que en las
provincias industriales y más pobladas, proclives a la izquierda, por
si acaso algo no salía como estaba previsto se recurrió a los “40 principales”
—senadores nombrados a dedo por la Corona, como herederos
del anterior sistema— para garantizar el control del Senado por
la derecha, lo que en cualquier país europeo democrático hubiese
sido ya de por sí una aberración y no se hubiese podido dar. Esta es
la prueba de que la democracia “a la española” tuvo defectos de forma
muy garrafales y trágalas que ahora nos parecen inconcebibles.
Algunos historiadores críticos la describen como una “democracia
otorgada o tutelada” y otros eufemismos que indican que, desde el
principio, las jugadas no estuvieron del todo limpias y que, por tanto,
muchos de aquellos polvos trajeron estos lodos.
Entre los activistas y luchadores que iban surgiendo había diversas
ideologías, que luego se fueron definiendo: unos se apuntaban a
las Comisiones Obreras (CCOO), que era al inicio el sindicato mayoritario,
influidas por el Partido Comunista de España (PCE). En Campanillas
surgió de su seno una especie de escisión que tomó el nombre
de Plataformas de Luchas Obreras (PLO), de tendencia maoísta,
cuyas tácticas muy radicales y combativas provenían del Partido Comunista-
Unidad Roja (PC-UR); se comenzó a construir el Sindicato
de Tejas y Ladrillos de la UGT, donde existían compañeros que reflejaban
las dos tácticas políticas del socialismo, pues unos eran partidarios
del PSOE (renovado), bajo la influencia de los “renovadores” de
Suresnnes y cuya dirección estaba en el interior, y otros del PSOE
(Histórico), que seguían la táctica del exterior, es decir, de los partidarios
de Llopis, cuya dirección estaba en Francia. También había
compañeros que se identificaban como anarquistas (CNT) aunque
muy minoritarios, y alguna vez que otra había alguna voz que se decía
de la Confederación Sindical Unitaria de Trabajadores, la famosa
CSUT, que tuvo mucha fuerza en la construcción, pero que en los tejares
apenas existía, con una fuerte influencia del beligerante Partido
del Trabajo de España (PTE) y la Joven Guardia Roja, de Pina López
Gay, que tenía mucho renombre en otros sectores. El sector mayoritario
eran trabajadores independientes que se empezaron a unir a la
lucha, pero que no querían pertenecer a ningún sindicato en concreto,
e incluso rechazaban las influencias de los representantes políticos,
porque las tácticas eran muy diversas y creaban gran malestar a
la hora de la acción, distorsionando el debate en el momento de la
toma de decisiones, que, como habitual en la vorágine de la lucha,
era: asamblea, debate y votación puño en alto. (…)
Los dirigentes de los sindicatos y partidos obreros, en lugar de luchar
por forzar la ruptura democrática con el régimen anterior, que era la
posición unánime de la mayoría de los partidos de izquierdas en la
primera fase, basándose en la firmeza, la fuerza y el alto nivel de conciencia
alcanzado por los trabajadores, cambiaron su posición sin un
debate a fondo entre las bases, que estaban mucho más a la izquierda
que ellos, y optaron por el consenso, aceptando participar en la
componenda de “reformar el régimen”, lo que dio lugar a un sistema
electoral y una Constitución que ha permitido mantener aspectos regresivos
todavía después de tantos años.
Se continúan dando situaciones no muy democráticas en las estructuras
de poder, que conservan rasgos del anterior aparato del Estado,
garantizando cierto mecanismo de “primar” a los poderes fácticos;
la ley D´Hondt, que favorece a la derecha; el Senado, que sirve
de contrapeso por si las aspiraciones del pueblo van más allá de donde
las clases dominantes permiten que se vaya, y otros métodos de
democracia “orgánica”.
No se llegaron a depurar los cuerpos represivos (Policía, Guardia
Civil) ni el Ejército, y todavía hoy, tras veinticinco años de democracia
burguesa, está prohibida la libre sindicación de la Guardia Civil
(donde existe un sindicato clandestino) y los soldados, derecho reconocido
en muchos países de Europa. Y en la práctica tampoco existe
el derecho a la negociación colectiva de los funcionarios ni muchos de
los derechos recogidos en el Estatuto de los Trabajadores, violado a
diario por los empresarios.
Es un procedimiento todavía antidemocrático que permanece, que
se ha intentado resolver, pero todavía sin conseguirlo, siendo este procedimiento actual bastante regresivo para la democracia, al igual que
se impuso la Monarquía y se negó el legítimo derecho de autodeterminación
de todos y cada uno de los pueblos del Estado a decidir qué tipo
de salida política quería y las relaciones que libremente quisieran
tener con los demás pueblos del Estado, de Europa y el mundo, pues el
referéndum lógico habría sido “monarquía o república”.
La política del consenso parió un aborto, un híbrido, o sea, una
constitución capitalista con algunos arreglos y rasgos sociales. Pero
analizada la cuestión bajo el prisma de la teoría marxista, que recoge
los intereses del movimiento obrero, el Estado es un aparato coercitivo,
un grupo de hombres armados al servicio de la clase dominante,
para defender los intereses capitalistas y someter a la clase obrera.
De esto se deduce que no existe ningún Estado neutral, que esté
por encima de las clases, que satisfaga la reconciliación total entre clases
irreconciliables. Por tanto, un gobierno que mantiene en su ley básica
la defensa de la propiedad privada y el libre mercado va a servir
únicamente a los intereses de los capitalistas.
En este sentido, otorgarle al Gobierno, en definitiva a la burguesía
franquista, como hicieron los líderes de los partidos mayoritarios del
movimiento obrero, poderes para suspender garantías constitucionales,
autorización para intervenir en los conflictos laborales, trabas al
derecho de huelga y otras cortapisas, significaba que esos resortes del
Poder que permanecían en sus manos podrían volverse contra la clase
obrera más tarde.
Los máximos responsables de los partidos de la izquierda parlamentaria
no entendieron que doscientos años de historia del movimiento
obrero nos enseñan que, en última instancia, la burguesía
para mantener su dominación, sus intereses y sus beneficios sólo tiene
en cuenta la correlación de fuerzas, y no los papeles, las leyes ni
las constituciones, o quizás sí lo sabían, y entonces la cuestión se complica
en el análisis, como dejadez consciente de sus funciones de dirección,
calificándose esto con un nombre muy concreto.
Ésa puede ser la explicación de por qué y cómo la burguesía española
pasó sin quebranto alguno del cretinismo dictatorial franquista
al cretinismo parlamentario juancarlista, y los partidos obreros tiraron
por la borda sus análisis, sus teorías y, con ello, la práctica de la
lucha de clases para poder avanzar hacia la conquista de una sociedad
socialista.
Por lo dicho, la conclusión que tenemos que sacar es que la Constitución
es un convenio entre fuerzas, que en un momento determinado
firmaron los representantes obreros bajo presión del golpe permanente,
que beneficiaba mayormente los intereses de la gran patronal,
que optó por una Carta Magna con un contenido en teoría
progresista —se reconocen los derechos civiles—, para luego, cuando
la correlación de fuerzas cambió y las ansias de lucha se fueron apagando,
no desarrollarla, negar lo fundamental, no avanzar hacia las
conquistas sociales.
Los trabajadores no podemos ser indiferentes a las cuestiones legales
y constitucionales. Aunque la posición correcta del movimiento
obrero es defender nuestra independencia de clase y luchar como
clase por una sociedad más justa, más libre e igualitaria, una sociedad
socialista —con todas las libertades para el trabajador y basada
en un régimen de democracia económica, autogestionaria, social y
política—, tendremos que seguir luchando para democratizar lo máximo
posible el régimen burgués, por medio de la lucha de clases,
que, como dicen los clásicos, es el motor de la historia.
Hubiese sido preferible, y todavía no es tarde para luchar por ello,
la conquista de un parlamento libre del control del ejército, de burócratas
y funcionarios privilegiados y vitalicios, muchos de ellos corruptos
y en connivencia con Gescartera, Rumasa, Banesto, Filesa y
otras cloacas pútridas del sistema —que dan la imagen de qué significa
el sistema capitalista, basado en la obtención del máximo beneficio
“caiga quien caiga”— y que son los mismos que han engordado
durante décadas sus bolsillos a costa del pueblo trabajador. Esto significa
que sigue siendo necesario la depuración de todas las instituciones
donde se refugian los “manijeros” de esas 200 familias de archimillonarios
que utilizan el aparato del Estado en su propio provecho.
Un Estado democrático exige la disolución de los cuerpos de
represión de los trabajadores y el control democrático directo de todos
los estamentos de la administración pública, a través de órganos
elegidos democráticamente y compuestos por representantes de los
trabajadores, sindicatos, asociaciones de vecinos, amas de casa, pequeños
comerciantes y otros colectivos como ecologistas, pacifistas,
organizaciones no gubernamentales, etc., exige la supresión del secreto
de Estado, en nombre del cual tantas fechorías se han cometido,
lo que es inadmisible en un Estado que se quiera llamar democrático.
Con esas medidas firmes, entonces como ahora, se hubiese conseguido
la ruptura democrática, limpiando el sistema de sus anquilosados
vicios y eliminando las trabas legales que impiden el triunfo
de la libertad, y se hubiese evitado el bochorno de la especie de
competición entre los arribistas y oportunistas de los partidos políticos,
a ver quién se cambia la chaqueta con más agilidad y notándosele
menos, muchos de ellos para medrar y conquistar enormes patrimonios
privados, bajo la falsa excusa de que están desempeñando
un “servicio a la sociedad”. Porque, como dijo el rey Salomón, que
tenía fama de justo, “aquel que se enriquece muy rápidamente, no
será muy inocente”.
La ilusión del triunfo de la izquierda.
Para 1982, el triunfo del PSOE alentó la lucha. Esto se reflejó en la euforia
entre la clase trabajadora. Es interesante conocer el ambiente
que se respiraba entre los socialistas de Campanillas, y hemos desempolvado
de los archivos el Boletín de Octubre de dicho año, editado
en formato de pequeño díptico artesanal por nuestra Agrupación.
En la primera página, y en la parte de abajo, junto al lema de la
campaña “POR EL CAMBIO ¡¡VOTA PSOE!!”, aparece una invitación
para la inauguración, el 1 de octubre a las 7 de la tarde, de la
nueva Casa del Pueblo en propiedad, en la calle Hortensia, 28. En
cuanto al contenido ideológico, en un pequeño artículo de introducción
que podemos leer en portada, se señala la posición socialista clara
de dicha agrupación con el título siguiente:
¿PARA QUÉ LUCHAMOS?
Tanto el PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL, como el
sindicato UNIÓN GENERAL DE TRABAJADORES fueron fundados
como instituciones eminentemente de trabajadores, organizándose
en el aspecto sindical por grupos afines de oficios y profesiones liberales,
para aglutinar a la mayor cantidad posible de trabajadores, y
para la acción política, dentro de un partido de clase obrera, para
cambiar la sociedad burguesa, corrupta y decadente, y transformarla
en sociedad socialista, y tenemos que emplear estas organizaciones
para mantenernos en sólida conexión, respetando la más amplia libertad
de pensamiento y táctica de todos los componentes, siempre que
estén dentro de la orientación de clase que conlleve, practicando la democracia
obrera, hacia el cambio social y tienda a crear las fuerzas de
emancipación integral de la clase trabajadora, asumiendo algún día la
dirección de la producción, el transporte y la distribución e intercambio
de la riqueza social, acabando con la explotación del hombre por
el hombre y “construyendo la nueva sociedad socialista de hombres libres,
cultos, honrados e inteligentes”, en palabras de nuestro fundador
PABLO IGLESIAS.
En la segunda página de dicho boletín, como era costumbre en el
socialismo, se daba información detallada de los ingresos y gastos de
la gestión administrativa realizada. La Caseta del Pueblo de la Feria
de Julio tuvo unos ingresos de 170.112 pesetas y unos gastos de
118.932 pesetas, lo que arrojó un remanente de 51.180 pesetas, aportadas
como fondo inicial —al que se añadieron las aportaciones de
los socialistas y simpatizantes del barrio— para construir la nueva
Casa del Pueblo, que se realizó con trabajo militante desinteresado
después de la jornada laboral de los compañeros, sin cobrar ninguno.
Estos son los métodos auténticamente socialistas, desinteresados y
solidarios, de los años de militancia activa y sana.
La página 3 del citado boletín estaba dedicada a la formación y
cultura obreras:
“La formación obrera es una lucha permanente contra la
ignorancia impuesta por la clase burguesa dominante”
Francisco Largo Caballero
Esta frase indica claramente la obligación que tenemos los trabajadores
de una formación constante, y esta página estará dedicada en el
futuro a elevar el nivel de conocimiento de nuestra clase, tanto en materia
laboral, como económica, política e incluso filosófica.
Tanto la clase trabajadora como todas las capas populares y progresistas,
tendremos el próximo día 28 de Octubre una fecha decisiva
e histórica, pues vamos a disfrutar de la posibilidad, dando nuestro
voto al PSOE, de cambiar de una vez por todas, la situación de miseria
y degradación de las condiciones de vida y de trabajo a las que nos
ha llevado y nos tiene sometida la burguesía y sus representantes ineptos
del gobierno de la UCD.
Porque de tantas y tantas promesas como nos hizo el Sr. Suárez
en nombre de un partido que al final ha hecho explotar como un globo de feria, para recabar con mucho arte los votos incluso de mucha
de gente buena fe, el balance no puede ser más nefasto y negativo.
He aquí lo que nos ha dejado:
Más de dos millones de parados.
Cerca de un millón de analfabetos sólo en Andalucía.
Centenares de muertos y miles de lisiados a causa de la COLZA
y su política de abandono del control alimentario.
Nos metieron en la OTAN, sin consultar democráticamente mediante
referéndum popular con el gasto enorme que ello conlleva.
Sigue sin resolverse el problema de la vivienda, ni el de la enseñanza
obligatoria y gratuita total, ni el de la Seguridad Social que es
lamentable, ni la seguridad ciudadana, ni dan salida ni alternativa alguna
al problema de la juventud, etc.
Sin embargo, la banca y los grandes monopolios se han llenando
los bolsillos a costa de los recortes salariales de la clase obrera, cuyo
sacrificio, ahora se ve que no ha servido de nada, pues tenemos ejemplos
claros como los beneficios del Banco Español de Crédito, que se
embolsó de ganancia neta en 1981, alrededor de 12.500 millones de
pesetas (un 42% más de aumento que el año anterior), siendo los aumentos
salariales de sólo un 10,50% de media para el conjunto de la
clase trabajadora.
Contra todo este estado de cosas, la única solución que nos queda
es: LUCHAR POR UN GOBIERNO SOCIALISTA CON UN
PROGRAMA SOCIALISTA.
¡¡VOTA PSOE!!
Tal era el proceso de análisis y la confianza de las pequeñas agrupaciones
socialistas, como ésta de Campanillas, donde, con ideas firmes
y confianza en la clase trabajadora, se luchaba por conseguir el
cambio anhelado de una nueva sociedad, que años más tarde fue
abortado por los oportunistas y arribistas que se infiltraron en las filas
del socialismo.
Como puede observarse en el conjunto del díptico que analizamos,
la conjunción entre partido y sindicato era perfecta, y la última
página del mismo estaba dedicada a la cuestión laboral, con perspectivas
de realizar una labor, que se estuvo llevando a cabo en los primeros
años, de apoyo desinteresado a la formación y defensa de los
intereses de los trabajadores:
Esta página estará dedicada en los próximos números al desarrollo de
temas laborales, que nos vayan permitiendo conocer nuestros derechos
y llevarlos a la práctica, tanto en lo que se refiere a la legislación
vigente, convenios colectivos de trabajo, contratación, el problema del
paro, o las luchas que se vayan desarrollando en las empresas, por lo
que pedimos aportéis información de la problemática específica que
está continuamente surgiendo en los centros de trabajo, para estudiar
respuestas, sacar conclusiones y actuar en consecuencia, para lo cual
tendremos que colaborar en las tareas sindicales a través de UGT, potenciando
esta central, que está llamada a ser “La Fuerza Sindical
para el Cambio”, como muy acertadamente indican nuestros compañeros
ugetistas en la propaganda electoral.
Algunos de los temas que tenemos intención de comentar en esta
página serán:
· Seguridad e Higiene en el trabajo
· Paro y empleo
· Estatuto de los Trabajadores
· Jornada de trabajo de distintas ramas
· La cuestión salarial
· Protección a la familia
· Nuevas relaciones de trabajo
· Fondo de Garantía Salarial
· Seguridad Social
· Control del empleo y del fraude.
· Sanciones a las empresas.
· Etc.
Esperamos y deseamos que sea de utilidad para elevar el conocimiento
de nuestros compañeros en una materia tan importante como
el Derecho Laboral y para la lucha obrera que tendremos que seguir
desarrollando para avanzar hacia nuestros objetivos de libertad, justicia
e igualdad.
VOTA UGT. LA FUERZA SINDICAL PARA EL CAMBIO.
Y en octubre, el PSOE ganó las elecciones, con unos resultados en
esta zona de Campanillas de los más altos en la provincia, alcanzándose
en algunas mesas hasta el 90% de votos. La Agrupación Socialista
de Campanillas era pequeña en número, pero muy respetada en
los órganos del partido por su firmeza de ideas y su participación activa en el debate ideológico, por la lucha en pro de un auténtico programa
socialista. Esta lucha se mantuvo hasta 1987, donde las discrepancias
internas hicieron que muchos compañeros abandonaran la
corriente Izquierda Socialista, que era la que había marcado la pauta
y ofrecido el programa de lucha para la barriada.
El programa se olvidaba una vez y otra en el cajón de los recuerdos;
no se quería avanzar con la suficiente celeridad en la petición del
cumplimiento del programa socialista de la barriada, apartando a algunos
compañeros del Comité Local, que no eran bien vistos por el
dichoso “aparato”, pues éramos muy críticos, y empezamos a estar
mal vistos por nuestras proposiciones, según ellos, “muy a la izquierda”.
(Para mejor comprender la lucha de ideas y programas, se adjuntan
como Anexos I, II y III algunos de los documentos elaborados
por la corriente más a la izquierda en el seno del partido, que eran rechazados
por el Comité Local, que a partir de 1987 se sometía a la línea
de la dirección provincial sin cambiar ni una coma, lo que indicaba
el giro a la derecha que había ocurrido en el seno del partido,
aunque lo negaron una y otra vez. Igualmente ocurría con el programa
de actividades de la barriada, que era rechazado sistemáticamente
por el sector de la mayoría, aunque como minoría seguíamos trabajando
desinteresadamente, aportando documentación y estudios
para el barrio, siendo derrotados a veces por escaso margen de dos o
tres votos, pero suficientes en democracia para no poder avanzar en
nuestros proyectos reivindicativos).
El 80% de las fábricas, bien por la lucha de los trabajadores, bien
por abandono de la patronal debido al avance de las izquierdas, se
llegaron a transformar en cooperativas obreras. Durante ese período,
un grupo de compañeros sindicalistas, principalmente impulsados
por UGT y CCOO, seguían luchando por dar al sector de Tejas y Ladrillos
una salida en base a la cooperación.
Se mantuvieron contactos con representantes políticos del PSOE y
del PCE en el Parlamento andaluz. Concretamente los compañeros
Sánchez Bueno (PSOE) y Rafael Rodríguez (IU) se ofrecieron para
gestionar los asuntos. Carlos Sanjuán, Miguel Gómez y Valenzuela,
que tuvieron alta representación en calidad de responsables de UGT
en aquel entonces, junto con otros compañeros de la Federación —
como Antonio Bueno, Juan Rodríguez, Paco Rodríguez, El Yerri, Manolo,
Bernat, Pepe Montero, Loly, Félix Alonso, Paco Pepe, Paco Vélez, Carlos, Juanito Prieto, Maruja, Ana Bueno, Paco Jurado, Miguel
Peñuela, Ramírez, Naranjo y muchos otros militantes de UGT— que,
sin pertenecer a Tejas y Ladrillos, se preocupaban de apoyar las luchas
y ayudar en lo que podían.
Por parte de CCOO también hubo mucho apoyo, sobre todo de
Inocencio e Isidro, y luego de Paco Guti, de la Comisión Provincial.
Gabriel, Juan, Manolo Infantes y Juan García, de CCOO de Construcción,
también mediaron alguna vez que otra, para intentar soluciones
al difícil problema de las luchas por las cooperativas de los ladrilleros,
implicándose en las batallas, manifestaciones y encierros, como
el que tuvimos en el Despacho del Delegado de Trabajo, cuando una
delegación de la coordinadora fue acusada de asalto ilegal, porque el
Delegado no estaba y nos encerramos hasta que apareció, tras varias
horas de encierro.
Conseguimos recabar de la Junta una subvención de siete millones
de pesetas para pagar un estudio de viabilidad para el sector a nivel
provincial. El informe de la empresa ESECA llegaba a la conclusión
de que el deterioro del sector era grave y que necesitaba una reconversión.
Los planteamientos eran duales. O se planteaba esa
reconversión en base al sistema cooperativo, para lo cual se pasaba a
una cooperativa de Segundo Grado, o lo haría la patronal con capital
privado, o no se haría y el deterioro y el coste social sería terrible.
Esta última situación, la peor de las posibles quizás, es la que ha prevalecido,
simultaneada por algunas reformas introducidas en algunas
fábricas, pero sin avanzar a la vanguardia tecnológica, debido a
los enormes costes de la robótica y al impacto social que ello acarrea,
no porque no exista ya suficiente tecnología como para acabar con todos
los trabajos pesados y extenuantes que permanecen.
El informe elaborado por encargo de la Junta se concilió con otro
estudio aportado por las propias organizaciones sindicales, en base a
la transformación del sector en una cooperativa de Segundo Grado
que reflotase la enorme cantidad de empresas pequeñas de economía
sumergida que estaban en precario y se modernizasen con nuevas
tecnologías los duros trabajos que todavía subsisten en el sector de
Tejas y Ladrillos, cuyas fábricas obsoletas se mantenían a base de remiendos,
con un esfuerzo atroz de mano de obra de los ladrilleros (…)
(*)Fuente: Extracto de capítulos del Libro “Rebelión Obrera en Tejas y Ladrillos” Autor: José Martín Rodríguez. Fundación Federico Engels. Colección Memoria Obrera .Primera edición: junio 2003.© 2003, Fundación Federico Engels. ISBN: 84-932118-4-2. Depósito Legal: M-31473-2003. Pepe Martín donó los derechos de autor a dicha Fundación, por lo que, para leer el libro completo, pueden dirigirse para su adquisición a: http://www.engels.org/
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