Izquierda Socialista

Abril 11, 2008

ALTERNNATIVA SOCIALISTA A LA EUROPA DE LOS MERCADERES.

Archivado en: General — pepemartin @ 9:25 am

En el debate permanente que tenemos abierto en nuestra Web con compañeros que quieren adherirse a la corriente Izquierda Socialista, contestamos hoy al correo que nos remite el compañero Herranz, respondiendo a una de las cuestiones fundamentales que nos plantea cuando dice:  “no veo cual es vuestra posición frente a la política de la UE”. Le damos una respuesta concreta de las posiciones políticas con las que nos identificamos sobre la cuestión planteada  y reproducimos para más claridad en el debate el  texto del correo que nos remite Herranz que dice textualmente: 


  

“Aunque esté en desacuerdo sobre el análisis que conducís por ejemplo que “Lejos de ser un paso en dirección al libre comercio, la UE es, por un lado, un bloque comercial regional dirigido contra EEUU y Japón y, por etc” no veo cual es vuestra posición frente a la política de la UE.  Para mi los hechos hablan por si: la UE no es un bloque contra la economía de EEUU sino el componente europeo de esta política que pasa entre otras cosas por la destrucción de las naciones europeas vía la regionalización: las próximas guerras serán regionales como en la ex Yugoslavia, porque el imperialismo y el imperialismo de EEUU en primera fila  necesita destruir todas la conquistas sociales y la organizaciones obreras (Incluido el viejo PSOE) para llevar acabo su política ¡  Esta conquista por el momento están inscritas en el marco de las viejas naciones !
En una cosa si acordamos y es que la clase obrera y la lucha de clases, solo puede darle una salida en positivo a la barbarie desencadenada por el imperialismo”. 
Hasta aquí el correo de Herranz y a continuación planteamos nuestro análisis como respuesta a la cuestión planteada.
 

       “Estamos en los inicios de una crisis que es global, iniciada en EEUU pero que Europa no la puede evitar, afectando a la economía, a los estrategas del liberalismo  y también al plano ideológico de los partidos políticos clásicos que tenían confianza en el sistema capitalista.   En la actualidad, la confianza, la certidumbre y los deseos de vivir cada vez mejor, se han convertido en su contrario, en desazón y miedo a lo que pueda ocurrir en los próximos años. Y no solamente a las clases menos favorecidas afecta ese cambio en la psicología social, sino también a la clase dominante y sus estrategas, que no tienen ningún paradigma para salir del atolladero   La ralentización de la economía es un hecho, se llame crisis, desaceleración o recesión,  tanto para los analistas de la derecha, como para los de “izquierda”. En realidad podemos afirmar, una vez más,  que los dos frenos fundamentales que impiden el desarrollo de las fuerzas productivas y un reparto justo de las riquezas que se genera son la propiedad privada de los medios de producción y las fronteras nacionales, incluso en este mundo cada vez más globalizado, pues ha sobrevenido de nuevo la crisis de “sobreproducción” clásica del capitalismo que la mayoría de los economistas burgueses negaban.    El capitalismo es un sistema inestable por naturaleza, que funciona con períodos de auges y crisis constantes. En el período de crecimiento, como el que acabamos de pasar, los trabajadores sólo reciben migajas, y a veces ni eso, pues durante este auge, los salarios han quedado congelados a nivel de 1997. La crisis se produce antes o después porque los capitalistas, para aumentar sus beneficios, recurren a todas las medidas a su alcance. Pero los trabajadores, que no son solamente los que producen los bienes, sino que son, junto con otros sectores de población, el grueso de los consumidores, no pueden comprar todo lo que ofrece el mercado, porque parte de sus salarios son retenidos en concepto de plusvalías por la clase burguesa dominante”.
 

“La creciente polarización social que está alcanzando la sociedad, bajo la presión de la amenaza de la recesión, tendrá un profundo efecto en la clase obrera. Se abrirá un abismo entre las clases. La conciencia de la clase obrera se transformará. Todas las viejas ilusiones se destruirán, preparando un enorme giro a la izquierda. En un determinado momento, eso se verá reflejado dentro de las organizaciones de masas de la clase obrera. En el período pasado, los dirigentes de los partidos y sindicatos obreros han ido muy a la derecha. No entienden la profundidad de la crisis del capitalismo y no tienen perspectivas ni alternativa. Los dirigentes del sector de liberal y socialdemócrata de los partidos, como siempre, son simplemente un pálido eco de las opiniones de la clase dominante. En el período de auge capitalista, al menos podían ofrecer la perspectiva de pequeñas reformas, pero ahora no pueden hacer ni eso. Su programa es fundamentalmente el mismo que el de los partidos capitalistas: más de lo mismo, recortes, austeridad, caída de los niveles de vida, etc. De este modo, vemos la total bancarrota del reformismo.
 

 

El ala de izquierdas del reformismo,  tampoco tiene alternativa real. Tampoco entienden la auténtica naturaleza de la crisis y no pueden responder a los argumentos del ala de derechas, que al menos son consecuentes. Si aceptas la existencia del capitalismo, entonces también debes aceptar sus leyes. Los reformistas de izquierdas abogan por la abolición del capitalismo, hablan en términos confusos de economía mixta, con algo de nacionalización, más gasto público y más reformas. En el período actual, eso es un sueño. El viejo modelo keynesiano ha colapsado por todos lados y no puede ser restablecido. Cualquier intento de llevar adelante una política de medias tintas causaría una explosión de la inflación, un colapso de la inversión y la moneda y una situación peor que la de antes. Nadie toma tales ideas en serio.
 

Es irónico que, justo cuando el “mercado” está siendo desacreditado por todo el mundo, los dirigentes reformistas están corriendo a abrazarlo. Se van a encontrar con una gran sorpresa. Particularmente en el caso de una nueva recesión, que es inevitable,  estas organizaciones serán sacudidas de arriba a abajo, comenzando por los sindicatos. Los actuales dirigentes sindicales, como sus homólogos políticos, han girado a la derecha, reflejando las presiones del capitalismo.  Lejos de ser los grandes realistas que ellos imaginan ser, son la peor clase de utópicos. Están tratando de basarse en un capitalismo que hace tiempo que ya no existe. Están mirando hacia atrás, no hacia delante. Además, sus políticas pragmáticas obtienen un resultado contrario al que persiguen. La debilidad invita a la agresión. A cada paso atrás que acepten, los empresarios pedirán dos más. Ni siquiera son capaces de cumplir con los más elementales deberes de un dirigente sindical, como es el defender los niveles de salarios y condiciones laborales que se alcanzaron.
 

 

Sin embargo, la ofensiva patronal está preparando una reacción que abrirá el camino para una transformación radical de los sindicatos en un país tras otro.  La virulenta crisis económica mundial, una crisis de sobreproducción  agudizada por años de endeudamientos masivos y especulación financiera, ha puesto sobre la mesa la vitalidad del análisis marxista de la realidad que pone en evidencia las contradicciones del capitalismo. Los dirigentes reformistas se verán obligados a encabezar la lucha, o serán echados a un lado para dejar el camino a otros que estén más dispuestos a hacerlo.
 

La situación en la U. E. se podrá cada día más difícil. El objetivo de la Carta Europea sigue estando plagado de dificultades. La verdad es que los términos originales del tratado inicial  no se pueden cumplir,  aunque no pueden admitirlo. Sólo pueden continuar gracias a toda clase de trucos, inventos y “contabilidad creativa”.  La recesión que está llegando indudablemente exacerbará todas las contradicciones y probablemente producirá enfrentamientos graves entre las diversas burguesías nacionales.
 

El problema de las “dos velocidades” se demostró después de la ruptura del Sistema Monetario Europeo (SME). Gran Bretaña e Italia fueron obligadas a devaluar sus monedas, lo que proporcionó a sus productos una importante ventaja en el precio respecto a los de Alemania y Francia. Crecieron a expensas de estos últimos, levantando un coro de protestas de los industriales alemanes y franceses. Cualquier intento de formar un núcleo duro dentro de la UE liderado por Alemania provocaría serias tensiones e incluso la ruptura de la Unión, motivo por el que fue desechado.
 

Bajo la presión del movimiento de la clase obrera,  hay posibilidad de volver a los viejos métodos keynesianos, pero en la actualidad provocaría un desastre: una huelga de capital, inflación galopante y un colapso de las monedas, forzándolos a volver a una política incluso más salvaje de recortes. En condiciones de crisis capitalista, todos los caminos conducen a la ruina.
 

No se puede excluir que, bajo la presión de la crisis social y de grandes movimientos de la clase obrera, se viesen obligados a cuestionar la moneda  única, o incluso abandonarla completamente. Pero incluso si siguen adelante sobre la base de un acuerdo arruinado (no hay otro posible), se enfrentarán tarde o temprano con nuevos e irresolubles problemas que finalmente conducirán a la UEM a descomponerse entre recriminaciones mutuas, como ocurrió al principio con el SME. Lejos de suponer una mayor integración europea, tendría los efectos contrarios: un agravamiento enorme de las tensiones y conflictos entre los estados nacionales.
 

Hay un enorme abismo entre la teoría y la práctica. En la teoría, todo parece muy bonito y lógico. El problema es que el sistema capitalista es cualquier cosa menos lógico. En abstracto, la idea de la moneda común europea parecía la panacea. Ahorraría mucho dinero, modernizaría el comercio, facilitaría la planificación económica y decisiones de inversión a largo plazo y eliminaría toda una serie de operaciones innecesarias y derrochadoras. Pero en la práctica, bajo el capitalismo, para los ciudadanos, para los pequeños comerciantes, para los pobres ha sido un desastre.
 

Un capitalismo con tonos fúnebres.
 

El problema central podría exponerse sencillamente de la siguiente manera: la idea de que economías tan diferentes, todas girando en diferentes direcciones, puedan ser aprovechadas con éxito para una moneda central unificada, respaldada por fondos comunes y legislación obligatoria, se ha demostrado que es claramente falsa. El sistema capitalista es anárquico por propia naturaleza. Cuando las condiciones económicas de un Estado exijan un aumento de los tipos de interés y existan otros a los que no les sea necesaria una reducción, ¿quién decidirá? No es difícil prever la respuesta.
 

Los problemas que han surgido en el período previo a la moneda única están poniendo un interrogante sobre la efectividad del proyecto 1999. Sólo alterando las cifras y moviendo los postes de la portería podrán mantener la apariencia de progreso. Pero tales maniobras indican que todo el plan es poco sólido desde el principio.  Las  decisiones más importantes las marcan los bancos centrales, que es como decir el capital financiero europeo. La democracia se ha doblegado ante la Dictadura Financiera de los Grandes Capitalistas. El Liberalismo ya no existe. La Gran Dictadura del Capital se ejerce bajo la apariencia de democracia burguesa. Es el mundo de las Finanzas quien controla a los Estados.  El enorme aumento del poder del capital financiero parasitario es una de las características más importantes del actual período. Estos reaccionarios, banqueros de mente estrecha, intentarán gobernar con mano de hierro, imponiendo “disciplina presupuestaria” a todas las naciones sin tener en cuenta el estado de su economía.
 

Ahora que la crisis ya ha estallado y dado el carácter desigual del desarrollo capitalista, será del todo imposible para los Estados europeos conseguir un presupuesto equilibrado al mismo tiempo. En la práctica, algunos se instalarán en el déficit mientras otros tendrán superávit, reflejando las fortalezas y debilidades de las diferentes economías y las diferentes fases del ciclo económico. El intento de obligar a economías diferentes a entrar en la camisa de fuerza de la moneda está causando toda clase de distorsiones,  tensiones y enfrentamientos que irán en aumento. 
 

 

El movimiento hacia una recesión inevitablemente afectará a las finanzas de cada país de forma distinta, algo que dependerá de la fuerza o debilidad de cada uno de ellos, pero significará un declive en los ingresos por impuestos y un incremento en el gasto de partidas como el desempleo. La única salida sería reducir el gasto y aumentar los impuestos, en medio de una recesión. Pero eso mermaría la tasa de beneficios, luego, aplicarán la medida contraria, lo cual es como saltar de la sartén al fuego.
 

¿La unión monetaria podría saltar por los aires?
 

Históricamente ha habido no menos de cinco uniones monetarias en Europa en el siglo XIX, pero las únicas exitosas fueron aquellas que condujeron al establecimiento de un Estado unitario. De este modo, la unión monetaria establecida por Alemania en 1830 sentó las bases para la posterior unificación alemana. Lo mismo ocurrió con Italia, que realizó un proceso de unión monetaria como parte del movimiento hacia la unificación nacional en 1870. Esto pasó cuando el capitalismo estaba en su ascenso y jugaba un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas. La formación de los Estados nacionales fue el corolario necesario del desarrollo del mercado nacional. Pero la unión monetaria estable fue de la mano del establecimiento de un aparato estatal común: impuestos, fronteras, ejército y policía, así como un banco nacional. Cuando éste no fue el caso, todos los intentos fracasaron sin excepción.
Francia, Bélgica, Italia y Suiza formaron una zona monetaria vinculada a la plata en 1860, pero fracasó debido a los enormes déficit presupuestarios de Italia y la degradación de la moneda. Un factor adicional fue el movimiento internacional hacia el establecimiento del patrón oro, que ganó fuerza en los años 70 a resultas del desarrollo del comercio mundial. El imperio austro-húngaro participó brevemente en una moneda común con Prusia, proyecto que finalizó malamente con la guerra austro-prusiana de 1866. En ambos casos, una potencia estaba intentando establecer su dominación sobre las otras (la Francia de Luis Bonaparte en el primer caso y la Prusia.
 

de Bismarck en el segundo). Los países escandinavos también intentaron la unión monetaria en los años 70, fracasando entre disputas políticas.
La conclusión es clara: bajo el capitalismo no se puede conseguir una unión monetaria estable sin un Estado unificado. Además, la dominación aplastante del mercado mundial significa que, para ser viable, cualquier moneda regional debe encajar con el sistema de cambio monetario global. En el siglo XIX, eso se consiguió con la introducción del patrón oro, desde los años 70 en adelante. Todas las monedas nacionales tenían que estar unidas al oro, que proporcionaba un nivel objetivo de la medida del valor. Tras la Segunda Guerra Mundial, la aplastante superioridad del imperialismo norteamericano permitió imponer el dólar como la moneda internacional (dejando a la libra esterlina como moneda secundaria). En ese momento, además de la fuerza de su industria, que estaba intacta mientras Europa y Japón estaban en ruinas, EEUU atesoraba en Fort Knox dos tercios de las reservas mundiales de oro. De ese modo, el dólar fue “tan bueno como el oro”. Pero desde el fracaso de Bretton Woods en fijar un sistema de precios, no han encontrado una alternativa satisfactoria. El resultado ha sido una situación cada vez más inestable en los mercados monetarios internacionales, con ingentes cantidades de dinero utilizadas para propósitos especulativos, sentando las bases para crisis periódicas y obligadas devaluaciones que ponen a Estados nacionales de rodillas en cuestión de horas.
 

Parte del propósito de la UEM es crear una moneda regional a prueba de tal inestabilidad, en la cual habrá que fijar un tipo de cambio que será decretado por el fiduciario de los bancos centrales europeos, que garantizarán unas finanzas “saneadas”, como antes de 1915. Sin embargo, incluso desde un punto de vista exclusivamente económico, es una suposición arbitraria. No proponen unir la nueva moneda a un patrón metálico, el oro o la plata, como en el período anterior, que al parecer está lejos de retornar, ni unirla a un acuerdo global, como el de Bretton Woods. Lo que proponen es mantener un tipo de cambio fijo en un mercado mundial caracterizado por tipos de cambio en constante fluctuación. Los economistas estadounidenses son muy escépticos ante la idea. ¿Cuánto estará de saneado el euro? Si los mercados monetarios internacionales no están convencidos, no les valdrá lo que digan los banqueros europeos.
 

Al contrario que la demagogia de los euro escépticos, la UE no es un Estado federal ni hay perspectiva de que comience a serlo. Por tanto no puede funcionar de la misma forma, como dicen, que EEUU, que en caso de crisis puede canalizar fondos desde el centro hasta el estado que se encuentre en dificultades. En Canadá, que es también un Estado federal, el gobierno federal asegura las deudas de las provincias más pobres. Por ejemplo, las transferencias del gobierno federal a Terranova representan casi el 75% de sus ingresos. Todo el peso de una recesión debe ser soportado por cada Estado miembro sin ayuda. La intención es obligar a cada gobierno a mantener sus finanzas “saneadas” mediante el buen viejo método de aumentar impuestos, reducir el gasto público y privatizar las propiedades públicas. Esta estrategia no tiene en cuenta el hecho de que antes de la Primera Guerra Mundial los sindicatos y partidos obreros eran relativamente débiles y la propia clase obrera era una minoría en la mayoría de los países europeos (Gran Bretaña era la excepción porque había entrado en la fase de desarrollo capitalista mucho antes que los otros). Desde la Segunda Guerra Mundial, la correlación de fuerzas entre las clases en Europa es otra. Las reservas sociales de la reacción, en particular el campesinado, se han ido reduciendo a causa del desarrollo industrial. La clase obrera se ha convertido en la fuerza dominante de la sociedad y resistirá cualquier intento de eliminar sus conquistas.
 

El intento de regresar al capitalismo “clásico” provocará un resurgimiento sin precedentes de la lucha de clases. Pero no hay garantías de que traerá los beneficios que los capitalistas anticipan. Depositando una pesada carga sobre los hombros de las economías europeas más débiles, corren el riesgo de provocar un colapso. Los términos de la propuesta de la unión monetaria suponen que cada país debe mantenerse sobre sus propios pies (para utilizar la frase amada por los banqueros Actualmente, ¿los gobiernos europeos pueden conseguir dinero en los mercados financieros internacionales para cubrir sus deudas? La crisis de liquidez mundial hace la cuestión harto difícil.
 

¿Cómo será la recesión en la Unión Europea?
 

Una de las razones de la existencia de la UE es el propósito de continuar explotando las antiguas colonias europeas en África, Asia, el Caribe, etc. La diferencia es que es una explotación conjunta, contrariamente a la vieja relación sumisa de una colonia a su amo imperial, y el botín se obtiene mediante los mecanismos del comercio mundial, a diferencia del robo directo perpetrado bajo el dominio militar. Las ex colonias son utilizadas como fuente de materias primas y mano de obra baratas, aunque con un desempleo de masas esto es menos necesario que en el pasado. En el período de auge, los capitalistas europeos estimularon la inmigración desde las antiguas colonias. Ahora, en el declive, los inmigrantes se han convertido en chivos expiatorios del paro y en objetivo de la demagogia de políticos de derechas. El racismo es el compañero inseparable del imperialismo.
 

Todas las principales palancas del poder financiero estarán (al menos teóricamente) en manos del Banco Central Europeo. El BCE es ya totalmente independiente de los Estados miembros. El Parlamento Europeo es solamente un foro de debate que en el fondo no hace más que decidir el reparto de lo que la Banca les autoriza. ¿Es eso democrático?  El banco sólo será requerido para “testificar” ante el Parlamento europeo de vez en cuando. Lo que aquí tenemos es una expresión descarnada del esfuerzo del capital financiero para dominar sin límites, liberarse de todas las restricciones y disfrutar del poder supremo. Bajo el capitalismo, la cruda realidad de la “unidad” europea es la dominación completa del capitalismo financiero y monopolista, en detrimento de los intereses de las masas, los trabajadores, campesinos, parados, pensionistas y pequeños comerciantes. Estos banqueros y sus aliados de los grandes monopolios realizarán una implacable política de recortes del nivel de vida de la población en nombre del capital, independientemente de las consecuencias sociales que conlleven.
 

 

Esto es precisamente lo que queremos decir cuando afirmamos que una Unión Europea capitalista es una utopía reaccionaria. Es utópica porque no se puede conseguir completamente. La existencia de profundos conflictos de intereses entre los capitalistas de los diferentes Estados nacionales, como las fallas en geología, inevitablemente creará situaciones de ruptura en un momento dado.
 

Teóricamente independiente, el banco central será el único en el mundo gobernado por un tratado firmado entre quince países. En la práctica, llevará adelante una política en interés de los Estados más poderosos, en primer lugar Alemania. La idea de un banco central supranacional, libre de presiones nacionales, es obviamente algo sin sentido. De la misma forma, las grandes compañías multinacionales no pueden estar separadas de su base nacional, aunque sus operaciones se realicen a lo largo del mundo. ¿Alguien cree seriamente que la General Motors no es una compañía norteamericana? ¿O que Mitsubishi no es japonesa?
 

De la misma manera, en última instancia, el Banco Central Europeo será dirigido por el Bundesbank, que reflejará fielmente los intereses de los capitalistas alemanes. Siguiendo una política financiera conservadora, supuestamente la que él mismo libremente decida, el banco central proporcionará al gobierno de Bonn, y a todos los demás, la conveniente excusa de recortes y austeridad permanente, como resultado del “principio sagrado” de libre mercado e independencia financiera. ¿Y quién puede pelearse por eso? En realidad habrá muchas disputas, y muy feroces.
 

 

Intentar llevar adelante una política que signifique austeridad permanente no puede sostenerse. Llevará a una explosión social tras otra, con luchas, huelgas generales, manifestaciones de masas e incluso movimientos insurreccionales. Hemos entrado en un período totalmente nuevo, caracterizado por cambios bruscos y repentinos en la situación. Las clases dominantes europeas han sembrado vientos y recogerán tempestades. La situación será mucho más similar a los años 20 y 30 que al período de las pasadas cinco décadas.
 

 

Sin embargo, las potencias capitalistas avanzadas han acumulado una considerable capa de grasa en el último medio siglo. Enfrentadas con un movimiento de masas, se verán obligadas a abandonar sus planes y optar por una política de expansión del gasto en un momento determinado. Las políticas monetaristas neoliberales han demostrado su bancarrota. Ahora, la idea de privatizar le apesta en las narices incluso a las clases medias. Están preparando una masiva reacción contra ella y un gran giro a la izquierda. Es irónico que los reformistas de izquierda hayan abrazado el “mercado” justo en el momento en que comienza a resquebrajarse. El intento de imponer austeridad permanente acabará con todos los planes de una moneda común europea. Un retorno a la inflación socavará rápidamente el euro en los mercados internacionales. Pero una caída en el valor del euro tendrá otras consecuencias.
 

 

El estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU y la crisis de las “subprime” han metido a la economía en el camino de la recesión inevitable que puede desembocar en una depresión.  La recesión en EEUU pondrá presión sobre el dólar, dado el persistente déficit exterior de EEUU. El dólar está peligrosamente devaluado ya con relación al Euro. Si la OPEP cambiara las transacciones comerciales del dólar al euro, la depresión sería también inevitable.  Esta sería la señal para un nuevo comienzo de devaluaciones competitivas, con los norteamericanos permitiendo al dólar caer para restaurar la competitividad de sus exportaciones. Fue precisamente esta clase de devaluaciones competitivas las que socavaron el comercio mundial antes de la Segunda Guerra Mundial y transformaron la recesión en una depresión mundial. El retorno a tales condiciones es bastante posible en el próximo período.
 

 

Una divertida variante es la idea que ponen en circulación los nacionalistas, por ejemplo en el País Vasco o Escocia, de que la UE representa, de alguna manera, un desarrollo progresista que ayudará a la causa de las pequeñas naciones. Buscan transformar en bella la realidad de la Europa del gran capital hablando de una “Europa de los pueblos”. ¡Qué locura! ¿Desde cuándo los grandes bancos y monopolios actúan en interés de las pequeñas naciones? Esto es típico de los prejuicios pequeño-burgueses de los dirigentes nacionalistas, que, rechazando el análisis clasista de la sociedad, inevitablemente caen bajo la influencia de las ideas de la clase dominante. Lejos de beneficiar a los vascos, escoceses o galeses, una Europa capitalista pisoteará sus intereses, destruirá sus industrias y empobrecerá a sus poblaciones. Una Europa capitalista, sobre todo en momentos de recesión,  representa una trampa para todos los pueblos.
 

¿Existe en realidad el “libre comercio”?
 

Hace cien años, Carlos Marx explicaba que, en la lucha entre los liberales y los conservadores sobre libre comercio o proteccionismo, la clase obrera tenía que mantener una posición independiente. No debía estar a favor de ninguna de las dos porque era simplemente una lucha entre diferentes sectores de la burguesía, en la que los trabajadores no tenían ningún interés. La aristocracia del campo, por su propia conveniencia, defendía el proteccionismo, mientras que la burguesía industrial, defendiendo también sus propios intereses, era partidaria del libre comercio. Las débiles burguesías de Francia y Alemania estaban a favor del proteccionismo. En el curso de esa lucha, que se convirtió en extremadamente acalorada, los sectores rivales de la clase dirigente intentaron conseguir el apoyo de la clase obrera. ¿Cuál fue la posición de Marx y Engels? Adoptaron una firme postura de independencia de clase y aconsejaron a los trabajadores negar el apoyo a cualquiera de los dos bandos. Esto sucedió a pesar de que, en abstracto, se podría argumentar que el libre comercio era más progresista que el proteccionismo. Sin embargo, cuestiones de esta naturaleza nunca pueden ser planteadas en abstracto. Es necesario plantear la cuestión de manera concreta, es decir, desde un punto de vista de clase. Y como está claro que los intereses de la clase obrera no pasan por la política de ninguno de los diversos sectores de la burguesía, el movimiento obrero debe adoptar una postura política independiente.
 

El actual debate sobre la economía tiene un notable parecido con esa controversia. Entonces como ahora, hay una marcada diferencia de opinión entre varios sectores de la clase capitalista. De la misma forma, los marxistas no estamos ni a favor ni en contra de la salida de la UE sobre las bases del capitalismo. Los intereses de la clase obrera no están representados en ningún caso.
 

Es totalmente equivocado argumentar a favor de la devaluación o de la inflación como una manera de resolver la crisis del capitalismo, como hacen algunos dirigentes de izquierdas. Esa no es en absoluto la solución porque representa un ataque directo a las condiciones de vida a través del aumento de precios, y en cualquier caso sólo terminaría incluso en una deflación más severa que antes. Desde el punto de vista de la clase obrera, no hay que elegir entre deflación e inflación. Son la cara y la cruz de una misma moneda (la elección entre la muerte por decapitación o quemarse en una hoguera). No queremos ni una cosa ni la otra, sino sólo el derecho a vivir y trabajar en condiciones decentes. Pero este derecho es ahora incompatible con el dominio de la renta, el interés y el beneficio. En EEUU, la manía de reducir la contribución del Estado ha llevado en la actualidad a ¡un intento de enmendar la Constitución para declarar ilegales los déficits presupuestarios! Incluso los economistas burgueses lo consideran una locura.
 

 

La solución: Continuar la lucha por una alternativa de clase a la Unión Europea.
¿Esto significa que somos indiferentes a la cuestión de la economía y del reformismo?  En absoluto. Pero insistimos que este tema, como los demás, debe ser considerado desde un punto de vista de clase. Los trabajadores a lo largo y ancho de Europa están enfrentándose con el desempleo y los cierres de empresas y están cuestionándose el carácter de clase de la Unión Europea. Decenas de miles han tomado las calles para protestar por la pérdida de empleo en Alemania, Francia, Grecia, Portugal,  Bélgica y España. Como declaró un metalúrgico belga durante una manifestación contra el paro celebrada recientemente: “Europa es para el capital, es una Europa que no tiene nada que ver con los trabajadores”. Este sentimiento se está generalizando y está preparando las condiciones para la lucha en toda Europa contra la dictadura de los banqueros y capitalistas, que oprimen a todos los pueblos de nuestro continente. Para lograrlo, no obstante, es vital que el movimiento obrero no se enrede en las denominadas alianzas con sectores reaccionarios de la clase capitalista que se muestran hipócritamente como los defensores de una imaginaria “unidad nacional”.
 

Es necesaria una alternativa de clase a la UE capitalista. Ante cuestiones de este tipo, los socialistas marxistas necesitamos tener en cuenta dos consideraciones fundamentales: mantener un punto de vista de clase independiente y no caer en posiciones que defiendan los intereses de algún sector de la burguesía. El objetivo del movimiento obrero no es alinearse con una de las facciones capitalistas, sino luchar por la transformación socialista de la sociedad, nacional e internacionalmente, como única solución a nuestros problemas. Olvidarlo conduce inevitablemente a la confusión.
 

Estamos acostumbrados a ver a los dirigentes obreros reformistas de derechas haciéndose eco de las opiniones de los grandes capitalistas. Después de todo, ése es su papel. Desdichadamente, los reformistas de izquierdas, incluso los mejores y más honestos, siempre abordan estas cuestiones desde un marco capitalista, en vez de aproximarse desde un punto de vista de clase, y por tanto acaban defendiendo posturas reaccionarias. Se encuentran en compañía de toda clase de elementos chovinistas de derechas y enemigos declarados de la clase obrera. Esto es inevitable si no se permanece firme en los principios marxistas y la perspectiva socialista.
 

La oposición a la Europa de los monopolios no significa que debamos apoyar la “independencia nacional” defendida por el euro escéptico. La política de autosuficiencia nacional (autarquía) ha fracasado en todas partes donde ha sido puesta en práctica, y más en la época moderna, donde todo se decide en la economía mundial. El intento de construir el “socialismo en un solo país” llevó al desastre en Rusia y China, aunque ambos poseían poderosas economías basadas en los recursos de subcontinentes. ¿Qué futuro tendrían aislados pequeños países como Gran Bretaña, Francia o incluso Alemania? La idea de combinar los recursos económicos de Europa y del conjunto del mundo es una meta progresista que representa la única salida seria a la actual crisis de la humanidad. Los dos principales obstáculos que están impidiendo un mayor desarrollo de la industria, la agricultura, la ciencia y la técnica mundiales son la propiedad privada de los medios de producción y el Estado nacional. Sólo eliminando estos obstáculos puede la sociedad liberarse de los grilletes que frenan su desarrollo. De esta manera, la alternativa real a la UE capitalista no es la “independencia nacional”, sino los Estados Unidos Socialistas de Europa.
 

 Como Pablo Iglesias explicó hace tiempo, “es imposible una Europa auténticamente unida bajo el capitalismo, que soluciones la cuestión social”.   Los intereses nacionales separados de cada clase capitalista están ahí.  Pero incluso si se pudiese conseguir, sería totalmente reaccionaria, ya que sólo se podría llegar a ella por los medios más brutales. Hitler lo intentó mediante la conquista militar. La matanza fue brutal.
 

 

Por la Federación Socialista Europea.
 

La Unión Europea no es otra cosa que un club capitalista, una unión aduanera glorificada, establecida para favorecer los intereses de los grandes monopolios europeos. No tiene nada en común con los intereses de la clase obrera. Este es nuestro punto de partida. Nuestra oposición a la UE es exactamente la misma que nuestra oposición al capitalismo en general. Tenemos una postura de clase independiente.
 

Esta es nuestra posición general. Sin embargo, es necesario unir las demandas generales a un programa concreto de lucha contra todos los intentos de descargar el peso de la crisis del capitalismo sobre los hombros de la clase trabajadora, jubilados, desempleados, enfermos, mujeres y jóvenes. Hay una oposición creciente en el movimiento obrero, especialmente de su izquierda, contra el intento de descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores.  Estamos en contra  porque nos oponemos a todas las medidas capitalistas perjudiciales para la clase obrera. No obstante, no debemos caer en la ilusión, como hacen algunos dirigentes de izquierdas, de que las medidas de austeridad son simplemente debidas a las necesidades de la economía,  es la excusa para los recortes y ataques que están teniendo lugar por toda Europa para restablecer la tasa de beneficios del Gran Capital. Según los economistas de derechas, los costes laborales son demasiado altos. Esta situación hunde sus raíces en la propia crisis del capitalismo. Esa es la razón de que las medidas de austeridad estén teniendo lugar simultáneamente en todos los países capitalistas.
 

A pesar de todas las contradicciones, las principales potencias imperialistas europeas están decididas defender a sus respectivas burguesías ¿Cuál es nuestro punto de vista sobre la cuestión? En primer lugar, no podemos considerarlo en abstracto. ¿Quién va a aplicar sus planes económicos  y por qué se está introduciendo? Bajo el capitalismo, tenemos que oponernos a la introducción de planes que ataquen las conquistas sociales y los intereses de la clase trabajadora y los sectores más desfavorecidos de la sociedad.
 

Nuestra lucha es por una Europa Socialista, claro, y en una Europa socialista habría una política auténticamente socialista a favor del trabajador.  Incluso donde la UE pretende defender los intereses de los trabajadores (la Carta social europea), no hay protección real contra la explotación capitalista. La única defensa real es la unidad, organización y conciencia de clase de los trabajadores y su voluntad de luchar. Que esto existe y está en ascenso, se ve claro en las luchas de los trabajadores europeos durante los últimos años. La Carta social no ofrece protección contra las reducciones de salarios, los cierres de empresas y los despidos. Ningún tipo de “consulta” resolverá los problemas creados por la actual crisis del capitalismo. Incluso donde los trabajadores han tenido éxito en luchar contra los despidos (y debemos apoyar decididamente todas estas luchas), la victoria es sólo temporal. Los empresarios y sus gobiernos pronto vuelven al ataque; lo que dan con la mano derecha, después lo quitan con la izquierda.
 

La razón para estas mentiras no es el capricho de este o aquel ministro, sino el impasse del sistema capitalista. Los dirigentes reformistas de derechas en los sindicatos hace tiempo que han abandonado la idea del socialismo. Pero los reformistas de izquierdas no tienen una política mucho más viable. Sus demandas de reformas y más gasto público son bastante utópicas desde el punto de vista del capitalismo moderno. Están tratando de basarse en un capitalismo que hace mucho que ya no existe. Bajo las actuales condiciones, una política de medias tintas es peor que inútil. Cualquier intento de regresar a los métodos keynesianos causaría una explosión de la inflación, un colapso de la inversión y la moneda y una situación peor que la de antes. Sólo los reformistas de izquierda creen en esas medidas, y consecuentemente son incapaces de proponer argumentos socialistas convincentes contra la UE. Esta es la razón principal que explica por qué han sido derrotados por la derecha en todas partes, aunque esta situación cambiará en el próximo período.
 

Sólo una política “verdaderamente socialista” basada en el internacionalismo proletario y el programa de la transformación socialista de la sociedad puede armar al movimiento obrero para una lucha seria contra los capitalistas europeos. Es necesario luchar por la expropiación de los bancos, grandes empresas y monopolios y por una economía planificada socialista bajo la gestión y control democrático de la clase obrera. Debemos tener una perspectiva internacionalista basada en la necesidad de combinar armoniosamente el enorme potencial productivo europeo, aboliendo las fronteras, esos restos del barbarismo, y crear las condiciones para la libre circulación y la confraternización de los pueblos. Un plan de producción democrático y socialista planificaría los enormes recursos económicos, materiales y humanos y acabaría con la pesadilla del paro. La introducción de la jornada laboral de 35 horas semanales es la condición previa para poner a los millones de parados europeos a trabajar. Liberado de las restricciones artificiales de la producción en función del máximo beneficio y de los estrechos confines del Estado nacional, la producción se elevaría a niveles nunca vistos. Este es el camino para establecer una economía libre, y no la locura de la anarquía capitalista. De esta manera, no estaríamos hablando de un objetivo miserable del 2-3% de crecimiento anual, como en la actualidad, sino de una tasa de crecimiento del 10% como un mínimo absoluto.
 

Tal objetivo, muy modesto para una economía planificada basada en la unidad de los recursos de Europa, significaría que en diez años el bienestar europeo se doblaría. No habría que hablar más de austeridad, recortes, cierres de escuelas y hospitales, etc. Todo lo contrario. Sería posible lanzar los planes más ambiciosos de trabajo público jamás vistos en la historia. En vez de reducciones de los niveles de vida y largas horas de trabajo, se incrementarían los salarios y las pensiones cada año y se reduciría progresivamente la jornada laboral. Un incremento de la producción generaría mayor bienestar. En muy corto espacio de tiempo, aboliríamos la pobreza y las privaciones, incluso en las regiones más atrasadas de Europa.
 

Esto haría que el problema nacional fuese un recuerdo del pasado. Dentro del marco de un floreciente Estado socialista y democrático, cada pueblo tendría garantizado su plena igualdad y autonomía para controlar sus propios asuntos, hablar su propia lengua y desarrollar su propia cultura. Lejos de oprimir y estrangular a las pequeñas naciones, una Europa socialista les daría plena libertad para desarrollarse y prosperar. En lugar del viejo nacionalismo claustrofóbico y reaccionario, que es compañero inevitable de la xenofobia, un nuevo espíritu emergería, en línea con las demandas de la era moderna: un espíritu de fraternidad y cooperación entre los pueblos para realizar el pleno potencial de Europa. Esto sería una guía para los pueblos de África, Asia y el resto del mundo, sentando las bases para el establecimiento de una federación socialista mundial.
 

Esto no es una utopía, sino una visión totalmente realista, incluso modesta, de lo que sería posible con el actual nivel productivo de la industria, la agricultura, la ciencia y la tecnología europeas. Pero este potencial no puede desarrollarse plenamente mientras Europa permanezca dividida y bajo la dominación de un puñado de banqueros y grandes monopolios. La lucha por la emancipación de la humanidad de la barbarie capitalista y la creación de un mundo apropiado para las personas que viven en él, a través de la transformación radical de la sociedad, es el único objetivo realmente honesto de los trabajadores y la juventud en los comienzos del nuevo milenio.”
 

AREA DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN.
IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA.
PSOE DE ANDALUCÍA.
 

Is-psoe.malaga@terra.es
 

Fuente:
Resumen y adaptación de las tesis de la revista “Marxismo Hoy nº 4”, editada por la Fundación de Estudios Socialistas “Federico Engels”.

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